Las temperaturas superiores a 45 grados que han abrasado España y Francia en junio de 2026 no habrían sido posibles sin el cambio climático. Así de contundente es la conclusión del análisis publicado este viernes por World Weather Attribution (WWA), el consorcio científico que examina la huella del calentamiento global en los fenómenos extremos. La ola de calor que acaba de remitir en gran parte de Europa, con sensaciones térmicas que en algunas zonas rozaron los 50 grados, no tiene explicación en los patrones atmosféricos naturales ni en el inicio de El Niño. Los modelos indican que alcanzar estos registros en junio habría sido “imposible” hace solo 50 años, subraya el documento.
¿Qué ha pasado exactamente?
Un patrón de altas presiones atrapó una enorme masa de aire cálido sobre el continente y desplazó hacia el norte aire procedente del Sahara. Esa dinámica meteorológica explica la llegada del episodio, pero no su intensidad. Según el estudio, las temperaturas máximas diurnas que superaron los 45 grados son hoy unas diez veces más probables que hace unas décadas. En el clima de 1976 —mucho menos recalentado— una ola de calor similar habría sido hasta 3,5 grados más fría.
¿Qué dice el informe de World Weather Attribution?
Los científicos de WWA comparan el calor registrado entre el 20 y el 24 de junio con modelos climáticos que simulan un planeta sin emisiones humanas. El resultado es demoledor: “Ningún factor natural, ni siquiera El Niño, desempeñó un papel relevante en la generación de este peligroso episodio”, señala el trabajo. Las sofocantes temperaturas nocturnas son hasta cien veces más probables hoy que durante la ola de calor de 2003, que causó decenas de miles de muertes prematuras en Europa.
Ciudades bajo estrés térmico récord
El análisis va más allá del termómetro: hasta un 45 % de las 854 ciudades europeas examinadas en 30 países podrían haber batido su récord de estrés térmico para un mes de junio. La combinación de calor intenso y alta humedad, advierten los autores, resulta especialmente peligrosa porque sobrecarga el cuerpo humano y dispara los problemas de salud. En España, el balance de cuatro días deja 212 muertes prematuras atribuidas al calor extremo, una cifra que los investigadores califican de “grave”.
El cambio climático se está descontrolando debido a la dependencia mundial de la quema de carbón, petróleo y gas, y los siguientes olas de calor solo empeorarán si no se acelera la transición a las energías limpias.
El contexto: precedentes que alertan sobre lo que viene
La investigación conecta este episodio con una tendencia bien documentada. En las últimas dos décadas, las olas de calor se han vuelto más frecuentes, más largas y más intensas en toda la región mediterránea. Ya en 2003, Europa sufrió un golpe térmico que causó miles de fallecidos, y en los veranos de 2018 y 2022 se volvieron a batir marcas. Pero el estudio de WWA subraya que el ritmo de calentamiento actual está dejando obsoletos los registros históricos a una velocidad sin precedentes. “Solo estamos empezando a ver los efectos de este fenómeno sobre la salud de las personas y la situación es grave”, advierten los firmantes del análisis, en alusión tanto a la mortalidad directa como a los ingresos hospitalarios por golpes de calor y agravamiento de patologías cardiovasculares.
Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, recuerda que la solución pasa por una transición más rápida hacia las energías limpias —que hoy son más baratas que los combustibles fósiles—, la protección de los bosques y el fortalecimiento de la resiliencia climática. “Ningún país puede permitirse seguir actuando como siempre”, ha declarado tras conocerse el informe.
📌 El foco social: las claves
- 🔎 Qué es lo importante: La ola de calor de junio de 2026 habría sido imposible sin el calentamiento global, según un estudio de atribución científica.
- 👥 Quiénes son los afectados: Ciudades europeas, personas vulnerables al calor y sistemas sanitarios sometidos a estrés extremo.
- ➡️ Qué consecuencias puede traer: Más mortalidad prematura, mayor frecuencia de eventos similares y la urgencia de acelerar la transición energética.



