San Guillermo de Vercelli, santoral del 25 de junio

Con apenas catorce años cargó cadenas de hierro para peregrinar a Santiago de Compostela descalzo. Conoce quién fue San Guillermo de Vercelli, el ermitaño medieval que fundó Montevergine y que incluso se tendió entre brasas ardientes para resistir la tentación.

Un adolescente que renuncia a su herencia, se pone cadenas al cuello y camina descalzo hasta Compostela: esa es la primera gran imagen de San Guillermo. La Iglesia celebra su festividad cada 25 de junio y, aunque su nombre no suena tanto como el de Francisco de Asís, su vida tiene la misma intensidad cinematográfica.

Nació en 1085 en Vercelli, en el norte de Italia, huérfano a edad temprana, criado por familiares. Lo que podría haber sido una vida cómoda entre la nobleza piamontesa se torció —o más bien se corrigió— en cuanto el joven Guillermo sintió que el mundo que le rodeaba no era suficiente. A los catorce años ya estaba en camino hacia España.

San Guillermo, el peregrino que llegó cargado de hierro

Youtube video

La peregrinación a Santiago de Compostela del joven Guillermo no fue un viaje de placer. Pidió a un herrero que le forjara dos aros de hierro para ceñírselos al cuello como instrumento de penitencia, y así recorrió toda la ruta hasta la tumba del Apóstol. La mortificación era para él una forma de conversación con Dios, no un acto de exhibicionismo espiritual.

Publicidad

De vuelta en Italia, intentó llegar a Tierra Santa, pero fue asaltado por ladrones en Taranto. Herido y sin recursos, acudió a San Juan de Matera, quien le convenció de que su misión estaba en Italia, no en Jerusalén. Ese golpe de camino resultó ser una providencia.

San Guillermo y la fundación de Montevergine

Para conocer en detalle quién fue San Guillermo y todo su legado espiritual, merece la pena acercarse también a la historia de Montevergine, la abadía que él erigió en 1119 sobre una cima a más de 1.300 metros de altitud, al este de Nápoles. La eligió porque buscaba la soledad, pero los discípulos llegaron solos, atraídos por su fama. Así nació casi por accidente uno de los grandes centros monásticos del sur de Italia.

La regla que impuso en Montevergine era de una austeridad radical: sin vino, sin carne, sin lácteos, y tres días a la semana solo pan seco y verduras. Los monjes acabaron rebelándose contra tanto rigor. San Guillermo nombró un prior para que gobernara la comunidad y se marchó a buscar otro desierto, porque la soledad siempre tiraba más que el éxito.

Un santo que se tendió en las brasas

Youtube video

El episodio más conocido de la vida de San Guillermo ocurrió cuando era consejero del rey normando Rogelio II de Nápoles. Unos cortesanos que le envidiaban le enviaron a una mujer con instrucciones de hacerle caer en pecado. Guillermo la recibió junto a una chimenea encendida, apartó las brasas con las manos, se tendió en el hueco formado en el fuego e invitó a la visitante a echarse junto a él. Ella salió ilesa en el susto; él, ileso en las llamas. La tradición dice que la mujer ingresó en un convento tiempo después.

Hay otro relato igual de llamativo: un lobo devoró su asno de carga. Guillermo no lo mató; lo reprendió y lo convirtió en su nueva bestia de trabajo. Esa imagen del lobo a sus pies es hoy el elemento más reconocible de su iconografía, y anticipa en décadas el famoso episodio del lobo de Gubbio atribuido a San Francisco de Asís.

La regla de San Guillermo: austera, exigente y fundadora

La vida de San Guillermo estuvo marcada por fundar comunidades y luego marcharse de ellas. No por fracaso, sino porque su vocación era la ermita, no el gobierno. En su trayectoria fundó:

  • El monasterio de Montevergine, en Campania, en 1119.
  • Varias comunidades en Monte Laceno y Monte Cognato.
  • Un monasterio doble mixto en la llanura de Goleto.
  • Comunidades en Conza, Guglietto y otras localidades del sur.

Esta capacidad fundadora, combinada con su huida sistemática del poder, lo convierte en una figura singular dentro del monacato medieval: creaba instituciones pero nunca se aferraba a ellas.

Publicidad

El legado de Montevergine

La abadía que fundó San Guillermo sobrevivió guerras, reformas napoleónicas y siglos de cambios. Hoy recibe más de 300.000 visitantes al año y custodia la Virgen de Montevergine, también llamada Madre Schiavona, una de las imágenes marianas más veneradas de Campania.

Patrono de Irpinia desde 1942

En plena Segunda Guerra Mundial, el papa Pío XII tuvo a bien proclamar a San Guillermo patrono de Irpinia, la comarca italiana donde el santo vivió y murió el 25 de junio de 1142. Sus restos permanecieron en Goleto hasta 1807, cuando fueron trasladados a Montevergine, cerrando así el círculo de su historia.

San Guillermo hoy: lo que su figura nos dice en 2026

La vida de San Guillermo tiene algo que resuena de manera inesperada en tiempos de hiperconectividad: su búsqueda deliberada del silencio y su capacidad para desapegarse del reconocimiento cuando ya lo tenía. Fundaba, encumbraba y se iba; un modelo de liderazgo que hoy se estudiaría en cualquier escuela de gestión.

Los santuarios marianos que nacieron de su impulso, especialmente Montevergine, siguen siendo hoy destinos de peregrinación viva, no solo de turismo religioso. San Guillermo nos recuerda que la autenticidad de una vida, por radical que sea, acaba construyendo algo duradero mucho más que cualquier estrategia planificada.