La NASA lanza un aviso urgente por el paso de un asteroide del tamaño de un rascacielos cerca de la Tierra este jueves

Un asteroide del tamaño de un edificio de varios pisos rozó la Tierra a solo 90.000 kilómetros, una distancia que los astrónomos califican de extraordinariamente cercana. La NASA confirmó que no hubo riesgo de impacto, pero el evento reabrió el debate sobre cuán preparados estamos ante estas visitas espaciales.

El pasado 18 de mayo, la NASA confirmó el paso del asteroide 2026 JH2 a apenas 90.000 kilómetros de nuestro planeta, una distancia equivalente a menos de una cuarta parte del trayecto promedio hasta la Luna. El objeto, con un diámetro estimado de entre 15 y 35 metros, fue descubierto solo ocho días antes de su máxima aproximación por el Mount Lemmon Survey en Arizona, lo que revela tanto la eficacia como los límites actuales de los sistemas de detección temprana.

Lo que convierte este evento en algo más que una curiosidad astronómica es la escala de la cercanía: pocos asteroides de este tamaño han pasado tan próximos en décadas. La NASA descartó desde el principio cualquier posibilidad de colisión, aunque los científicos reconocieron que un cuerpo de esas dimensiones, de haber impactado sobre una zona habitada, podría haber arrasado una ciudad entera.

La NASA y el sistema que vigila el cielo sin descanso

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El sistema Sentry del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS) de la NASA, gestionado desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), analiza continuamente las órbitas de miles de asteroides para calcular probabilidades de impacto durante los próximos 100 años. En 2026, todos los objetos monitorizados tienen riesgo cero de colisión, pero la cercanía del 2026 JH2 puso a prueba los tiempos de reacción del sistema.

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El asteroide fue clasificado como tipo Apolo, una categoría que agrupa a los cuerpos cuyas órbitas cruzan la trayectoria terrestre alrededor del Sol. Durante su aproximación máxima, alcanzó una magnitud aparente de hasta 11,5, lo que lo hacía visible con telescopios pequeños bajo cielos oscuros, y fue seguido en tiempo real por el Virtual Telescope Project y otras plataformas astronómicas internacionales.

La NASA frente a los asteroides: ciencia, datos y calma

La NASA y sus socios internacionales rastrean actualmente más de 41.000 asteroides cercanos a la Tierra, una cifra que crece cada mes gracias al Observatorio Vera Rubin, que ya incorporó más de 2.000 cuerpos previamente desconocidos a los catálogos globales. Los objetos próximos a la Tierra, conocidos por su acrónimo en inglés NEO, son cometas y asteroides cuyas órbitas los acercan periódicamente a nuestro planeta por la influencia gravitatoria del Sol y los planetas gigantes.

El caso del 2026 JH2 ilustra a la perfección el doble mensaje de la ciencia: el espacio está lleno de rocas en movimiento, y la mayoría pasan sin que nadie se entere. Lo que ha cambiado en los últimos años no es la frecuencia de estas visitas, sino nuestra capacidad para detectarlas y comunicarlas con horas o días de antelación.

El precedente de Apophis y la nueva era de la vigilancia

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El nombre de Apophis sigue siendo la referencia ineludible cada vez que se habla de asteroides y riesgo real. Este cuerpo de unos 370 metros de diámetro generó alarma global en 2004, cuando las primeras observaciones apuntaban a una probabilidad del 2,7 % de impacto en 2029. Observaciones posteriores descartaron ese escenario, pero Apophis ya tiene una cita confirmada con la Tierra para el 13 de abril de 2029, cuando pasará a menos de 32.000 kilómetros, más cerca que algunos satélites en órbita geoestacionaria.

La misión OSIRIS-APEX de la NASA está programada para rendezvous con Apophis en junio de 2029, estudiando cómo el sobrevuelo modifica la órbita y la composición superficial del asteroide. Este tipo de misiones no son ciencia ficción: son la respuesta práctica de la agencia espacial ante la única amenaza natural que, a diferencia de terremotos o tsunamis, podemos detectar con antelación suficiente para actuar.

Qué ocurriría si un asteroide como el 2026 JH2 impactara

Aunque la NASA descartó cualquier riesgo con el 2026 JH2, sus dimensiones sirven de referencia para entender la escala del problema. Según los modelos del JPL, un objeto de entre 15 y 35 metros que lograra atravesar la atmósfera sin desintegrarse liberaría una energía comparable a varias bombas nucleares tácticas sobre un radio de decenas de kilómetros.

Lo ocurrido en Cheliábinsk (Rusia) en 2013 ilustra bien el margen de error: un asteroide de unos 20 metros explotó en la atmósfera a 30 kilómetros de altura, dejando más de 1.500 heridos solo por la onda expansiva. Aquel objeto no fue detectado con antelación. El 2026 JH2, ocho días de anticipación. La diferencia, aunque pequeña, marca toda la distancia entre la ciencia reactiva y la preventiva.

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El sistema de alerta temprana: cómo funciona

El CNEOS actualiza diariamente la tabla de acercamientos próximos. Cualquier objeto que se acerque a menos de 1,3 unidades astronómicas del Sol y supere los 140 metros de diámetro queda automáticamente clasificado como potencialmente peligroso.

El papel de la misión DART: un éxito que cambió las reglas

En 2022, la NASA impactó deliberadamente la nave DART contra el asteroide Dimorphos, alterando su órbita de forma medible. Fue la primera prueba exitosa de defensa planetaria cinética, y demostró que, con suficiente antelación, redirigir un asteroide es técnicamente posible.

Los próximos años: más detección, más precisión, más tranquilidad

La tendencia en el campo de la defensa planetaria apunta hacia una vigilancia cada vez más fina y una capacidad de respuesta sin precedentes. El Observatorio Vera Rubin, ya operativo, promete multiplicar por diez el número de NEOs catalogados en la próxima década, mientras la NASA y la ESA coordinan sistemas de alerta temprana capaces de cubrir ángulos del cielo hasta ahora ciegos.

Apophis en 2029 será el mayor evento de observación asteroidal de la historia moderna: cientos de telescopios apuntarán al mismo objeto mientras roza nuestra órbita. Paradójicamente, cuanto más cerca pasa un asteroide sin impactar, más aprendemos sobre cómo protegernos la próxima vez que uno decida visitarnos. Y, según la NASA, siempre habrá una próxima vez.