Tanto la infanta Cristina como su exmarido, Iñaki Urdangarin, llevaban un tiempo esforzándose por proyectar una imagen de absoluta cordialidad. De hecho, tras firmar un divorcio que tardó más de dos años en fraguarse, parecía que habían enterrado la discordia por el bienestar de sus cuatro hijos. Sin embargo, un reciente episodio en las gradas de un pabellón deportivo ha demostrado que las heridas siguen abiertas.
Todo saltó por los aires hace unos días durante un partido de la Liga Asobal. Pablo Urdangarin disputaba un importante encuentro con su equipo de balonmano frente al Barça en el mítico Palau Blaugrana. Lo que debía ser una tarde de apoyo familiar al joven deportista terminó convirtiéndose en un auténtico campo mediático. La razón no fue el resultado en la pista, donde por cierto el equipo de Pablo perdió y él se llevó un buen susto al estar a punto de lesionarse, sino lo que ocurría en las butacas entre la infanta Cristina y su exmarido, Iñaki Urdangarin.
El instante en que la infanta Cristina percibe todo lo de Iñaki Urdangarin como una trampa

A nadie le extraña ver a la hermana del rey Felipe VI animando a su hijo. Es su fan número uno y siempre que su agenda se lo permite, se desplaza para verle jugar. Sus gestos suelen ser un termómetro perfecto del partido, mostrándose eufórica con los goles y nerviosa cuando el marcador aprieta. Además, ella sabía perfectamente que su exmarido iba a asistir a ese mismo encuentro. No era la primera vez que coincidían, ya que el pasado mes de diciembre compartieron espacio en otro partido sin ninguna eventualidad.
El verdadero problema estalló cuando, apenas unos minutos antes de que comenzara el choque, la royal recibió la información de que Iñaki no iba solo. Le acompañaba su actual pareja, Ainhoa Armentia. Era la primera vez que los tres coincidían bajo el mismo techo, una estampa inédita que la protagonista de esta historia no esperaba en absoluto y que dinamitó su tranquilidad. Según han filtrado fuentes de su entorno más cercano al portal 'Monarquía Confidencial', ella interpretó la asistencia de la abogada vitoriana como "una provocación" en toda regla.
El detalle del palco VIP que desató la indignación total

Cualquiera podría pensar que el simple hecho de respirar el mismo aire que la nueva novia de su ex ya es motivo suficiente para torcer el gesto. Pero el enfado iba mucho más allá. Lo que verdaderamente escoció no fue la coincidencia física, sino "las formas y el contexto" en los que se desarrolló toda la escena.
Resulta que la directiva del club decidió tener un detalle con Iñaki por su brillante pasado como estrella del equipo de balonmano. Le invitaron a presenciar el choque desde los cómodos asientos del palco de honor, y él subió allí acompañado de Ainhoa. Mientras la nueva pareja disfrutaba de este trato privilegiado, la antigua duquesa de Palma tuvo que conformarse con sentarse en la grada convencional junto a unos amigos, tal y como suele hacer siempre. Esta enorme diferencia de trato fue la gota que colmó el vaso, haciéndola sentir relegada a un segundo plano y provocando lo que su propio círculo, en declaraciones a Informalia, no ha dudado en tachar como "una humillación pública".
El intento fallido de camuflar el enorme disgusto frente a todos

Distintas personas allegadas intentaron restar hierro al asunto frente a la prensa. De hecho, la periodista Silvia Taulés recogió en 'Vanitatis' unas declaraciones del entorno que buscaban normalizar la situación a toda costa. El mensaje que intentaron vender fue claro, asegurando que "como expareja bien avenida que son y con cuatro hijos en común, la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin suelen compartir sus planes, sobre todo cuando atañen a sus hijos, así que no hay que buscar fantasmas en ningún sitio".
Pero las imágenes no engañan a nadie. Bastaba con fijarse en las fotografías tomadas durante esos minutos para comprobar que el ambiente era irritable para la infanta Cristina. Las crónicas de los testigos presenciales que compartieron grada con ella no dejan lugar a dudas sobre su estado de ánimo. Uno de los asistentes lo resumió afirmando que: "Se le puso peor cara que a la novia de Frankenstein".
Huida rápida y planes por separado tras el pitido final

Cuando el árbitro señaló el final del partido, la prioridad de todos fue poner tierra de por medio lo antes posible. Iñaki y Ainhoa no se demoraron ni un segundo. Abandonaron las instalaciones del Palau Blaugrana a toda prisa acompañados de unos amigos para irse a disfrutar de un almuerzo lejos de allí.
Por su parte, la infanta Cristina prefirió esperar pacientemente a que su hijo terminara de ducharse y cumpliera con sus compromisos en el vestuario. Solo cuando el joven estuvo listo, madre e hijo salieron juntos para irse a comer con sus propios acompañantes.
Esta guerra fría viene precedida por unas semanas de mucha intensidad mediática debido a la nueva faceta profesional del exdeportista. Tras cumplir su condena, Iñaki está completamente centrado en su reinvención como empresario del coaching. Para impulsar esta nueva etapa, publicó recientemente unas memorias que le han llevado de gira por distintos platós de televisión, devolviendo el abrupto final de su matrimonio a la primera línea de fuego.
A pesar de que él siempre ha utilizado un tono muy respetuoso para hablar de la madre de sus hijos, estas apariciones públicas no han gustado nada en el entorno de la royal. En una sincera entrevista concedida a La 2 de Cataluña, el exjugador se abrió en canal sobre su paso por prisión y la posterior ruptura. Allí pronunció unas palabras que dieron la vuelta al país, confesando que "perdí todo lo que tenía. Y después hay una pérdida muy grande que es el amor de mi vida, Cristina. Fue un período muy duro y me sabe mal porque es una mujer a la que quiero mucho".
Aunque el mensaje parezca inofensivo y halagador, ella prefiere mantenerse en un discretísimo segundo plano. Está centrada en sus hijos, en arropar a su madre y tiene en mente pasar temporadas mucho más largas en Barcelona.



