La nueva era reglamentaria que arranca este año en la F1 ha generado una vigilancia extrema de la FIA sobre cada componente de los monoplazas. Mercedes ha demostrado una fiabilidad y velocidad en Barcelona que ha disparado las alarmas entre sus rivales.
Los rumores en el garaje apuntan a que los ingenieros de Brackley encontraron un resquicio en la normativa sobre la relación de compresión de sus motores. Mientras el límite permitido de 1:16 se cumple en las pruebas habituales en frío, el motor alemán alcanzaría un 1:18 cuando trabaja a temperaturas máximas en pista.
Esta diferencia permitía a Mercedes obtener una ganancia estimada de entre 15 y 20 caballos de potencia adicionales. Para atajar esta situación, la Federación Internacional del Automóvil, la FIA, ha confirmado que volverá a probar los motores V6 de forma estática, pero esta vez lo hará con los propulsores en caliente.
La aplicación de este nuevo criterio de control comenzará en el Gran Premio de Australia, lo que obliga a la escudería dirigida por Toto Wolff a realizar ajustes de última hora en su mapa de motor para evitar posibles sanciones.
El equipo Mercedes defiende la legalidad de su nuevo sistema ante las críticas
A pesar de los resultados registrados en Barcelona, donde el monoplaza plateado se mostró sólido y rápido, en el seno de la escudería existe un malestar evidente por el ruido generado alrededor de su motor. Toto Wolff ha defendido el trabajo de su departamento técnico, asegurando que el sistema actual cumple con la legalidad vigente y se adapta a lo que dictan las normas de la competición. El responsable de Mercedes ha restado importancia a las sospechas de sus rivales y ha pedido que cada equipo se centre en su propio desarrollo técnico antes de señalar el ajeno.
El impacto de este cambio en el criterio de medición es significativo, ya que obligar a reducir el ratio de compresión implica una pérdida de rendimiento inmediata. Si Mercedes debe ajustar su unidad de potencia para pasar el control en caliente, la ventaja que mostraron en las primeras jornadas de pruebas podría reducirse considerablemente. La incertidumbre sobre si podrán mantener su nivel de competitividad tras este recorte técnico marcará las semanas previas al viaje a Melbourne.

Estos ajustes podrían obligarles a perder rendimiento y fiabilidad
Hasta que no se realicen las verificaciones oficiales en el circuito de Albert Park, el orden real de las escuderías sigue siendo una incógnita. Mercedes ha optado por un perfil bajo tras las declaraciones iniciales, consciente de que cualquier modificación en el motor a estas alturas del año supone un riesgo para la fiabilidad. Los ajustes necesarios para cumplir con el nuevo control de la FIA podrían provocar problemas de sobrecalentamiento imprevistos en un coche que parecía no tener fisuras.
La cita en Australia, prevista del 6 al 8 de marzo, servirá para comprobar si el resto de fabricantes han logrado cerrar la brecha con Mercedes o si la ventaja alemana reside en otros aspectos del chasis. Por ahora, el Mundial de 2026 de F1 arranca con una batalla en los despachos que promete ser tan intensa como la que se viva sobre el asfalto. La resolución de este conflicto definirá quién toma la delantera en la temporada más esperada de los últimos años.






