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La inflación en España se reduce pero hay «dolor» para rato

Como suele ocurrir, y más aún en temas tan complejos como la inflación, con matices econométricos y futuribles, hay voces optimistas y pesimistas. En los últimos días se han mezclado las noticias que alertan que la inflación ha llegado para quedarse durante quizá muchos años, mientras que por otro lado anuncian una disminución de la misma en España más rápida y profunda.

Entre los primeros, están analistas como los de BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo. Aparte de advertir una recesión económica que está al caer, afirman que tendremos inflación para mucho tiempo y que «nos dirigimos a un nuevo régimen de mayor volatilidad macroeconómica y de mercado».

MALOS AUGURIOS

Pero van más allá y pronostican, como han hecho economistas reputados en nuestro país como Santiago Niño-Becerra, que es el fin de una era y el comienzo de unos años inciertos y con cambios rápidos y radicales. Hablan de la reducción de mano de obra y por tanto de producción, debido al envejecimiento paulatino de la población, lo que conllevará un mayor gasto social -si cabe- en unos países ya de por si endeudados hasta la médula.

Luego está el orden geopolítico, o en este caso el «nuevo orden», con «el entorno global más tenso desde la Segunda Guerra Mundial»; y por último, el factor energético, que está siendo protagonista en los últimos meses. La necesidad de una transición más rápida hace energías limpias no hará sino alargar el escenario inflacionario.

UN «NUEVO ORDEN» CON «EL ENTORNO GLOBAL MÁS TENSO DESDE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL»

¿Y qué puede hacer el ciudadano vulnerable? Pues BlackRock lo tiene claro: sobrevivir, o mejor dicho, saber convivir con la inflación, más aún en recesión, recomendando gastar lo menos posible y lo imprescindible, no endeudarse y si se puede invertir, hacerlo en bonos protegidos, evitando las acciones, al menos a corto plazo.

consumo e inflación

UN CONSUELO CON LA INFLACIÓN

Sin embargo, otros análisis, sin ser optimistas, pintan un panorama menos sombrío, al menos si lo comparamos con una inflación que se había situado en los dos dígitos, algo verdaderamente alarmante y no visto desde la crisis del petróleo de los años 70. La inflación se está reduciendo, y más rápido en España que en Europa, algo que lógicamente se apresuró a subrayar el Gobierno, apuntándose un tanto. Si nos atenemos a la ortodoxia, ni el Ejecutivo fue apenas culpable de esa inflación desbocada, ni es responsable ahora de esa reducción.

Veamos los datos y si es cierto este alivio. Según los datos oficiales, la inflación pierde impulso más acelerado que en el resto de Europa. La tasa de variación del IPC en España ya está por debajo de la zona euro, aún por encima del 10%. ¿Es por el buen hacer de nuestro país o por un tema del cálculo de esta variación? Pues más bien lo segundo, ya que la economía española se caracteriza por una gran sensibilidad del IPC, debido a que en el cálculo influye mucho la variación de los precios de la electricidad en el mercado mayorista. Por la misma razón, en España en su momento se disparó más la inflación, con la misma intensidad con la que ahora baja.

INFLACIÓN GENERAL Y SUBYACENTE

El consumidor lo lee o escucha mucho en artículos y tertulias. ¿Qué diferencia hay entre ellas, en la llamada ‘boca’ del IPC? Para empezar, la general es más volátil y está contribuyendo a la bajada en la subyacente, que es la que más fielmente refleja la evolución de los precios.

Así, la inflación tradicional tiene en cuenta los productos y servicios que consumimos (IPC). Sin embargo, la subyacente quita del cálculo algo tan crucial, más aún en la actualidad, como la energía (electricidad, gas, gasolina…) y los alimentos no elaborados, como frutas, verduras y similares. Y una última diferenciación: mientras la general se usa para comparar los precios a largo plazo, la subyacente permite medir a corto y medio plazo.

EL FACTOR IBÉRICO

O mejor dicho, el factor de la llamada ‘excepción ibérica’. Es la razón principal por lo que la inflación en España haya caído por encima de la media europea, con una distancia de casi 4 puntos. La fuerte caída del precio de la electricidad, gracias a esta excepción, ha obrado este pequeño alivio, aunque hay otro factor más polémico: el método que utiliza el INE para calcular el IPC,  que no incluye a los consumidores que se encuentran con contratos del mercado libre, aunque el 60% de los hogares tengan este tipo de tarifa.

La metodología del INE pondera desproporcionadamente los contratos regulados o tarifa PVPC, que cambia cada hora y día según la oferta y la demanda. España es el único país europeo en el que la tarifa regulada traslada al consumidor directamente el precio de la energía del mercado diario, como apunta Endesa.

PERO LA REALIDAD ES TOZUDA

Todos estos cálculos, sus interpretaciones y derivadas no es consuelo para los consumidores, cada vez más ahogados con la subida de precios y el coste de la vida. Así, seis de cada diez españoles tienen más dificultades que hace un año para llegar a fin de mes, según el informe ‘Los hogares españoles ante la inflación en 2022: gasto y ahorro familiar en el actual escenario económico’ elaborado por la división de Hogar de Línea Directa Aseguradora.

Navarros (70%), andaluces (68%) y riojanos (65%) son quienes afirman tener más dificultades para llegar a fin de mes en comparación con el conjunto de España. Por el contrario, los habitantes de Castilla y León (51%), Comunidad Valenciana (53%) y País Vasco (54%) presentan menos dificultades en comparación con la media nacional.

La crisis sigue y cada vez ahoga más al ciudadano. La bajada de la inflación no es consuelo, ya que en realidad no baja, sino que sube menos, y las subidas se van acumulando, es decir, los precios que ya subieron, no vuelven nunca a bajar al nivel anterior y menos aún inferior.