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Pestiños: así se hace el dulce de Semana Santa que te alegra las meriendas

Durante la Semana Santa, los dulces se hacen presentes en mil prestaciones. En la cocina Andaluz los Pestiños, son la pequeña sensación.

Una receta tradicional

Una receta tradicional

La receta de los pestiños es una receta tradicional andaluza con orígenes moriscos, fruto de los siglos de dominación musulmana. Hoy en día se siguen consumiendo, en especial en época navideña, en carnavales y en Semana Santa, siendo la principal discusión sobre los pestiños, la de si están más ricos cubiertos con miel o espolvoreados con azúcar.

Orígenes

Orígenes

Los pestiños también son una receta de la cocina árabe. Se consumen en época de ramadán para romper el ayuno porque son muy calóricos. Harina, azúcar, fritos…

Históricamente tiene su origen en la cocina árabe. Siempre que veáis postres que lleven bastantes especias como anís o sésamo asociado a la cocina árabe tradicional. La cocina árabe es especialista en postres, muchos de ellos son muy dulces.

Variaciones

Variaciones

Como sucede con todas las recetas tradicionales, hay muchas formas de preparar los pestiños, casi tantas como pueblos. En unos sitios los preparan con matalauva, en otros, una vez fritos los cubren de miel, los hay grandes, pequeños, entre otras variaciones, pero forman parte de los diez platos que comer en semana santa.

¿Por qué comerlos en Semana Santa?

¿Por qué comerlos en semana santa?

Los amantes de la repostería estacional estamos de enhorabuena en Semana Santa, cuando se abre ante nuestros ojos un infinito abanico de exquisitos dulces.  Pero la costumbre no nos habría hecho tanta gracia hace décadas, cuando se llenaban de dulce porque no se podía comer otra cosa.

El derecho canónico sigue siendo claro al respecto: en la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma. Esta penitencia, que en principio solo limitaba el consumo de carne, llega a su cénit el Viernes Santo y Miércoles de Ceniza, donde se debía ayunar durante todo el día.

Pero, además, durante todo este tiempo solo podía hacer una ingesta diaria: la colación. Dado que no se podía comer carne, la única forma de aguantar todo un día sin caer desmayado era concentrar todas las calorías posibles en los platos permitidos: además de verduras y pescado, dulces.

Semana santa

Semana santa

La Semana Santa es la conmemoración cristiana anual de la Pasión de Cristo, es decir, de la entrada a Jerusalén, la última cena, el viacrucis, la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Es la última semana de Cuaresma desde el Domingo de Ramos hasta el atardecer del Jueves Santo, entre el atardecer del Jueves Santo hasta el Domingo de Pascua, denominado Triduo Pascual.

Por eso, es un periodo de intensa actividad litúrgica dentro de las diversas confesiones cristianas. Da comienzo con el domingo de ramos y finaliza el domingo de resurrección, aunque su celebración suele iniciarse en varios lugares el viernes anterior (viernes de Dolores). La fecha de la celebración es variable (entre marzo y abril).

Desde cuando no se debe consumir la carne

Desde cuando no se debe consumir la carne

En estos días los católicos recuerdan los 40 días que Jesús vivió en el desierto. «La carne era considerada un producto de lujo, entonces los cristianos quisieron rendir homenaje al mesías haciendo un llamado a la austeridad, mediante el no consumo de este alimento para estar en seguimiento de él«, explica el padre Andrés Ariztía, capellán de la Fundación Las Rosas.

Según la tradición católica no se debe comer carne el primer viernes de Cuaresma ni el Miércoles de Ceniza. Sin embargo, los ortodoxos también llevan a cabo esta costumbre los viernes previos a la Semana Santa (conocidos como los Viernes de Vigilia)

¿Por qué la carne?

¿Por qué la carne?

La carne en general, y la roja en particular, se asocia a celebraciones y festines. Pero, para la Iglesia Católica, el Viernes Santo, pese a ser una festividad marcada en el calendario, no es una celebración sino una conmemoración del sacrificio de Jesús. Por su parte, el pescado no se asocia a ninguna celebración.

Sin embargo, al no estar recogido en la Biblia pasaría a ser una opción libre por parte del creyente y no una obligación.

Aunque, según expresa el Código de Derecho Canónico de 1983, todos los viernes del año y el período de Cuaresma son días de penitencia en toda la Iglesia. Estos días se sostiene que la abstinencia de carne u otros alimentos deben ocurrir los viernes a lo largo del año.

Nuestro postre de Semana santa

Nuestro postre de Semana santa

Ingredientes

Para 10 personas

  • Aceite de oliva virgen extra para la masa 70 ml
  • Cáscara de limón para aromatizar el aceite
  • Azúcar para espolvorear
  • Miel para bañarlos
  • Semillas de anís o matalahúva al gusto
  • Vino blanco 70 ml
  • Aceite de oliva virgen extra abundante para freír los pestiños
  • Harina de trigo 250gr

Cómo hacer pestiños andaluces

Cómo hacer pestiños andaluces

Comenzamos aromatizando el aceite para lo cual lo calentamos en una sartén con un trozo de cáscara de limón dentro. Una vez que se ha dorado ésta y el aceite esté bien caliente se retira la cáscara y se añaden los anises. Apagamos el fuego y dejamos que el aceite se enfríe a temperatura ambiente.

En un cuenco grande se pone la harina y se mezcla con el aceite ya frío mezclado con el vino blanco. Se amasa mezclando bien hasta obtener una masa fina que se desprenda de las paredes del recipiente, dejando la masa después reposar media hora cubierta con un paño.

Extiende la masa con el rodillo hasta que tenga el grosor de una moneda. Después se corta en tiras de unos 4 cm y después en cuadrados. Cada cuadrado lo transformamos en el clásico pestiño, doblando hacia dentro las puntas y pegándolas con una gota de agua. Dejamos reposar durante 30 minutos antes de freírlos.

Calienta una sartén con abundante aceite y fríe los pestiños por tandas, dándoles la vuelta para que se doren por igual. Cuando estén bien fritos, escurre los pestiños sobre papel de cocina y pasa por una mezcla de miel con unas cucharadas de agua, calentada brevemente al fuego o si lo prefieres, espolvoréalos con azúcar.