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Mascarillas quirúrgicas: entre la protección y la moda

Una de las formas más directas en las que la crisis sanitaria del coronavirus ha afectado la vida cotidiana en todo el planeta ha sido el uso común de las mascarillas como medida de protección básica.

Entre todos los tipos existentes, el más usado está siendo el de las mascarillas quirúrgicas. Han demostrado ser de las más eficaces y también las que han tenido un mejor precio en relación a sus mejores prestaciones.

Además de este tipo de mascarilla, existen en el mercado diferentes clases de cubrebocas que ofrecen distintos grados de protección y se han implantado en mayor o menor medida. Todos ellos, además de protegernos, están ganando en diseño y estética con el paso del tiempo.

Mascarilla quirúrgica, la más extendida y recomendada

Son las que vemos más a menudo. Antes solo las veíamos en los hospitales y clínicas, pero ahora es casi una segunda piel en el día a día cuando salimos a la calle.

Los expertos la señalan como la más segura por varias razones. Primero, no solo dan protección a quienes la porten, sino también al entorno próximo.

Pueden variar en el color, pero sus factores más importantes siguen siendo los mismos: su resistencia a la humedad y a la propia respiración y su capacidad para filtrar bacterias.

En concreto, uno de los aspectos de más peso a la hora de decantarse por este tipo de mascarilla es que sus filtros retienen los aerosoles emitidos por la persona que la lleva. Esto es muy importante, ya que se reducen así de manera muy importante la posibilidad de contagiar a otros.

Una recomendación sanitaria que suele ser olvidada en ocasiones es que esta clase de mascarillas no debe usarse más de una vez. Más en concreto, según las recomendaciones del Gobierno, se recomienda no sobrepasar las 4 horas como tiempo máximo de uso de estas protecciones, también por comodidad e higiene. Además, se recomienda que se cambie la mascarilla por una nueva si esta se ha humedecido o se ha deteriorado por el uso.

Hay que tener en cuenta también que las mascarillas pueden conservar material infeccioso en su superficie. Una presencia peligrosa que puede agravarse más aún si la conservamos en bolsas de plástico. La humedad se alía con estos microorganismos a la hora de favorecer su reproducción, por lo que lo más aconsejable es simplemente desechar la mascarilla una vez que le hayamos dado uso.

Mascarillas higiénicas: un complemento sanitario

No están entre las más eficaces, pero vienen recomendadas por el Ministerio de Sanidad como medida complementaria. Incluyen una o varias capas de material textil y pueden ser tanto de un solo uso como reutilizables.

En esta tipología entran diversas clases de cubrebocas, desde las que no han pasado ningún ensayo ni verificación como aquellas que cumplen ciertas disposiciones técnicas.

En cuanto a su etiquetado, ofrece información importante, como por ejemplo si el producto en cuestión cumple con el estándar de calidad de la norma UNE. Esta regla garantiza una eficacia de filtración bacteriana del 95 por ciento o más para las no reutilizables e igual o superior al 90 por ciento para las que se pueden volver a usar.

Hay que tener en cuenta que este tipo de mascarillas no está considerada como un producto sanitario o como un Equipo de Protección Individual.

Mascarillas EPI: la de los profesionales sanitarios

En esta ocasión, si se trata de Equipos de Protección Individual (EPI) y son empleadas principalmente por profesionales para establecer impedimentos entre un riesgo potencial y el propio usuario. Pero no solo recurren a ella los sanitarios. También se aconseja su empleo, bajo prescripción médica, para las personas pertenecientes a grupos de especial vulnerabilidad.

Estamos hablando en esta ocasión de un tipo de mascarillas que persiguen la finalidad de filtrar el aire aspirado para no permitir la entrada de agentes contaminantes. Según su potencia de filtración, hay fijados tres niveles de eficacia para esta clase de mascarillas: FFP1, FFP2, y FFP3.

¿Y los niños? ¿Cuáles deben usar?

Los niños de entre 3 y 12 años deben llevar mascarillas higiénicas con la talla correspondiente a su rango de edad.

En este sentido, es muy importante que haya un adulto que vigile cómo se coloca y cómo se mantiene puesta la mascarilla, para evitar un posible error en la posición de la misma y evitar cualquier otro tipo de riesgo tanto para el propio menor como para aquellos de su entorno.

Por otro lado, en caso de que se den casos de COVID-19 en esta franja de la población, la opción que se da por parte de los expertos es recurrir a mascarillas quirúrgicas o higiénicas que lleven la etiqueta UNE.

Es importante que los padres o tutores se encarguen de vigilar bien cómo estos menores se ajustan a estas normas ya que, aunque sea molesto, se trata de medidas que repercuten en la salud general y ayudan a contener los contagios y contribuir a que el coronavirus vaya perdiendo fuerza de contagio.

La mascarilla como complemento de moda

El hecho de que el uso de la mascarilla se haya extendido de manera tan generalizada, ha hecho que muchas empresas hayan visto un nicho de mercado en ellas. Cada día son más las opciones que podemos comprar con los más diversos colores, adornos y motivos. La población sabe de la obligatoriedad del uso de la mascarilla como elemento de protección, pero eso no significa que se deba renunciar a mejorar su estética.

Colores, fantasías, personajes conocidos del cine o la televisión…todo tiene cabida en la multitud de diseños que aparecen ya en las mascarillas. No debemos olvidarnos tampoco de sus modelos transparentes, útiles para lucir las tan escondidas sonrisas, pero también vitales para las personas sordas.

Ahora que parece ya algo cotidiano el hecho de no poder lucir nuestras mejores sonrisas, el aspecto más cercano a la moda de las mascarillas puede ser un alivio. Multitud de marcas las ofrecen ya e incluso han llegado también al mercado del lujo con incrustaciones de piedras preciosas y otros elementos de lo más caro.