domingo, 20 septiembre 2020 9:55

Restaurante ‘El Filandón’, comida de temporada con una parrilla espectacular

  • Productos frescos y a la brasa componen la oferta gastronómica de este restaurante cerca de la capital.
  • Cuenta con servicio ‘Take Away’ y de zonas especialmente pensadas para los más pequeños.

Una reunión alrededor del fuego donde se contaban cuentos, se recitaban romances, se hablaba de los chascarrillos de los pueblos, incluso se cantaba y se bailaba. Es lo que se conoce como Filandón y cuyo espíritu se ha querido conservar en el restaurante con nombre homónimo.  Situado en la carretera de El Pardo, a pocos kilómetros del centro de Madrid, se encuentra la apuesta del empresario Evaristo García, que desde 2011 ha conseguido consolidarse como uno de los referentes gastronómicos de la capital.

El local, del mismo propietario que el conocido El Pescador (calle Ortega y Gasset 75) y de las famosas Pescaderías Coruñesas (Juan Montalvo, 14), busca crear un espacio articulado en torno al fuego y la naturaleza: no en vano muchos de los platos que ofrecen están cocinados a la parilla –cuya presencia se hace palpable desde el primer momento– dominada con tal destreza que impresiona incluso a sus comensales del norte de España, más acostumbrados a esta técnica culinaria. Es más, el restaurante está construido en el interior de un enorme caserío, en el que la piedra y los materiales más modernos se combinan a la perfección, aportando un contraste magistral entre lo moderno y lo rural.

Restaurante El Filandón

Productos frescos y de mercado

Su carta, sin ser extensa en exceso, está repleta productos frescos y de temporada. Antes de los segundos, se puede optar por un cuidado surtido entre el que destaca la ensalada de tomate y espárragos trigueros a la brasa, acompañado de una vinagreta suave y fresca; las croquetas de carabinero, untuosas y cremosas; o la ensaladilla rusa, que se sirve con bonito en escabeche El Pescador. Capítulo aparte merecen el famoso pan de cristal, que combina a la perfección con el clásico jamón ibérico o el afamado salmón ahumado de las Pescaderías Coruñesas; y las patatas fritas artesanales, con un punto crujiente difícilmente inigualable, que convierten este sencillo plato en un manjar digno de los más selectos paladares.

Por otro lado, los platos principales de su carta nacen de las brasas. Desde el tataki de atún rojo, la cola de merluza de anzuelo o el rodaballo, el pescado tiene una presencia incuestionable en El Filandón, siguiendo la estela de otros restaurantes del grupo. Sin embargo, no hay que desdeñar su oferta cárnica, pese a ser más limitada. La calidad de su solomillo a la parrilla, jugoso y tierno, o su chuleta de vaca vieja son inmejorables. Además, otro de los fuertes del menú son los arroces. En su punto, con el grano al dente y en abundante ración, se puede elegir entre el de verduras de la huerta, el negro con chipironcitos de costa o el de carabinero, opciones muy recomendables y que no dejan indiferente a nadie.

Restaurante El Filandón

No conviene marcharse de El Filandón sin dejar espacio para el postre. Su tarta de queso se ha convertido probablemente en una de las más aclamadas de Madrid y su oblea caliente de manzana con helado de vainilla merece realmente la pena, aunque es recomendable pedirla con antelación pues tarda unos 15 minutos en prepararse. La bodega, asimismo, cuenta con una oferta suficientemente variada y precios muy razonables, con caldos que maridan con la carta a la perfección.

Un buen punto del lugar es la flexibilidad para alargar la sobremesa. Pensado para disfrutar de la experiencia sin prisa, no ponen problemas en alargarla lo que se quiera. Es más, la cocina no cierra hasta última hora de la noche y tienen buena oferta de licores y destilados y preparan las bebidas con maestría. Precisamente, el servicio es uno de los puntos más fuertes de El Filandón. Los camareros, amables y con formación, controlan los tiempos de manera milimétrica y tratan con los clientes de manera profesional y discreta, aunque con cercanía y familiaridad.

El restaurante tiene una capacidad para 400 personas. No obstante, casi siempre está lleno y es difícil encontrar una mesa. Además de la indudable calidad de su materia prima, se ha convertido en centro de reunión de famosos de toda índole, desde futbolistas, hasta políticos de alto nivel. El propio Mariano Rajoy escogió El Filandón para cenar con sus ministros tras la moción de censura, que le arrebató el gobierno en 2018. Un mes más tarde, pasaron por el mismo lugar, Barack y Michelle Obama, la anterior pareja presidencial de Estados Unidos.

Recomendable para ir con niños

El diseño, que juega un papel fundamental con maderas envejecidas, suelos de piedra, elementos metálicos y chimeneas de cristal, es obra de la interiorista Isabel López Vilalta, muy conocida en el mundo de la decoración en hostelería, ya que, entre innumerables proyectos ha estado a cargo del decorado del afamado Celler de Can Roca. En verano, cuenta con un amplio jardín bien iluminado, así como con varios cenadores de aspecto íntimo con pequeños farolillos, centros de flores silvestres, casitas para pájaros y leña apilada, que proporcionan una sensación acogedora y romántica.

Exterior del Restaurante El Filandón

En cuanto a los más pequeños, no solo cuenta con tronas (de madera, a juego con la decoración), sino que tiene un baño para niños, situado estratégicamente junto a la zona de juegos exterior, en el que, además de cambiador, tiene retretes de colores y lavabos a la altura de los menores. Así, no es raro ver a familias comiendo los fines de semana mientras los niños juegan en un entorno seguro alejado de los vehículos. En este sentido, el restaurante cuenta con un amplio estacionamiento y servicio de aparcacoches.

De igual manera, entre los servicios que ofrece Filandón, se puede encontrar su servicio de Take Away (comida para llevar), lo cual te puede convertir en el mejor anfitrión si quieres sorprender a tus amigos, en la comodidad de tu propia casa.  

Si se tiene en cuenta la calidad del producto, el precio medio del restaurante es completamente asequible, ya que ronda los 60-70 euros por comensal, un capricho ocasional que merece la pena por el ambiente y la comida mediterránea perfectamente elaborada, con un toque rústico que solo la parrilla bien manejada puede otorgar.