2Vídeo por defecto en las reuniones de equipo (con una regla explícita para apagarlo)
El vídeo es el sustituto más barato del pasillo de la oficina, y por eso entra en esta lista. La investigación de Nicholas Bloom (Stanford) y sus colegas en el estudio Camera Use During Video Calls concluye que encender la cámara en reuniones pequeñas, de discusión o de confianza se asocia a más implicación, mejor comunicación y menos malentendidos, y que los mandos tienden a percibir como más responsables y atentos a quienes aparecen en pantalla. En un equipo distribuido, los gestos y el lenguaje corporal devuelven parte del vínculo que el chat y el audio no dan, algo especialmente útil en la incorporación de gente nueva. Pero ese mismo trabajo marca un techo: en jornadas encadenadas de vídeo los beneficios se desvanecen y la concentración cae. Un experimento publicado en Journal of Applied Psychology encontró que tener la cámara encendida predecía el agotamiento de final de día más que el número de reuniones, y con más intensidad en mujeres y en recién llegados, por la carga de gestionar la propia imagen.
De ahí que la regla no sea "cámara siempre encendida", sino encendida por defecto con una salida explícita. El matiz importa porque apagarla tiene coste social: un experimento de Stavrova, Ren y Evans publicado en 2025 en European Journal of Social Psychology (vol. 55, pp. 774-788) comprobó que quien la apaga es percibido como menos implicado, menos moral y con menos madera de líder, aunque su propia experiencia apenas cambie. Si esa penalización no se neutraliza, la opción existe sobre el papel pero nadie la usa. Normalizarla —decir de antemano qué reuniones son con cámara y cuáles solo de audio, que los líderes también la apaguen de vez en cuando, esconder la propia imagen para reducir la autoconsciencia— evita que la fatiga derive en silencio y desenganche, y que visibilidad se confunda con productividad. Un informe de SAP de 2025 sostiene además que los mandatos generales de cámara agravan la desafección en lugar de resolverla. Hay incluso un suelo legal: en Reino Unido un tribunal laboral ha aceptado que exigir la cámara a una empleada con ansiedad puede constituir discriminación por discapacidad.
