San Salomón Leclercq, santoral del 2 de septiembre: el hermano que se quedó solo cuando todos huyeron

Cada 2 de septiembre la Iglesia recuerda a San Salomón Leclercq, el religioso francés que prefirió la fidelidad antes que la huida. Su historia, verificada y contada con detalle, explica por qué millones lo veneran hoy.

San Salomón Leclercq no era un guerrero ni un predicador famoso. Era, sencillamente, un maestro de escuela que se negó a firmar un papel. Esa decisión, tomada en la Francia revolucionaria de 1792, le costó la vida y lo convirtió en el primer santo de la Revolución Francesa.

Su historia se recuerda cada 2 de septiembre en el santoral católico, y no es casualidad que siga resonando: habla de alguien que eligió quedarse cuando todos los demás se marchaban. Esa fidelidad silenciosa es, quizá, lo que hace que su figura no haya caducado con el tiempo.

Quién fue San Salomón Leclercq antes de ser mártir

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Nacido en 1745 en Boulogne-sur-Mer, en el seno de una familia de comerciantes, Guillaume-Nicolas-Louis Leclercq —su nombre de nacimiento— no estaba destinado a la vida religiosa. Su padre soñaba con que heredara el negocio familiar, y por eso lo envió primero a trabajar cerca de casa y después a París, junto a un socio comercial.

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Pero aquel ambiente parisino no terminó de convencerlo. Con apenas 21 años, en 1767, ingresó en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Ruan, adoptando el nombre religioso de Salomón. Fue maestro, director y ecónomo, dedicando buena parte de su vida a la enseñanza antes de convertirse en secretario del Superior General de la congregación.

La Revolución que lo cambió todo

En este párrafo, San Salomón Leclercq encarna una época marcada por la persecución religiosa, un tema que también recoge Wikipedia en su ficha sobre Leclercq, donde se detalla cómo la Constitución Civil del Clero de 1790 obligó a religiosos y sacerdotes a jurar fidelidad al nuevo régimen bajo pena de cárcel o muerte.

Cuando en 1791 sus superiores tuvieron que abandonar la casa de la Rue Neuve por miedo a las represalias, Salomón decidió quedarse. Vestido de civil, intentó pasar desapercibido, pero seguía acudiendo a misas clandestinas de sacerdotes que tampoco habían jurado. Esa fidelidad discreta terminaría delatándolo.

El arresto y la masacre de septiembre

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El 15 de agosto de 1792, guardias revolucionarios irrumpieron en la casa donde vivía y lo arrestaron. Lo trasladaron al convento de los Carmelitas en la rue Vaugirard, convertido de la noche a la mañana en una prisión improvisada para religiosos considerados enemigos del Estado.

Allí compartió celda con obispos, sacerdotes y otros hermanos religiosos, todos en la misma situación. El 2 de septiembre de 1792, en pleno estallido de violencia revolucionaria conocido como las matanzas de septiembre, más de 190 prisioneros fueron ejecutados sin juicio alguno en el jardín del convento.

De mártir olvidado a santo reconocido

Durante más de un siglo, la figura de Salomón Leclercq quedó relegada a los registros de su congregación, uno más entre los cientos de víctimas de aquellos días de terror. Su reconocimiento oficial llegaría mucho después, en dos etapas separadas por 90 años.

  • 1926: Beatificado por el Papa Pío XI junto a otros 190 compañeros mártires de las matanzas de septiembre.
  • 2016: Canonizado por el Papa Francisco el 16 de octubre, tras la validación de un milagro atribuido a su intercesión en Venezuela.
  • Hoy: Es venerado especialmente por la familia lasaliana, la red educativa fundada por San Juan Bautista de la Salle.
  • Patronazgo: Se le considera un ejemplo para educadores y religiosos que enfrentan presiones para renunciar a sus convicciones.

Lo llamativo de San Salomón Leclercq no es solo el martirio, sino la cotidianidad de su gesto previo: no predicó desde un púlpito ni lideró una resistencia armada. Simplemente se negó a firmar un documento que traicionaba su conciencia, sabiendo el riesgo que corría.

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