El 64% de los españoles ya elige esto para septiembre: escapadas cerca de casa antes de la vuelta a la rutina

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Rutas de la castaña en la Sierra de Francia: el otoño se adelanta en Salamanca

Primer plano detallado de castañas dulces maduras con cáscaras espinosas sobre un lecho de hierba y hojas en otoño.

Cuando septiembre empieza a enfriar las noches, la Sierra de Francia adelanta su otoño particular: los castañares cambian de color y el sur de Salamanca se convierte en el escenario de una de las escapadas más sencillas y cercanas. La gran protagonista es la Senda de los Castaños Centenarios, una ruta circular de apenas 1,6 kilómetros que parte del área recreativa de El Casarito, en Nava de Francia, en pleno Parque Natural de Las Batuecas. Su mayor virtud es que no exige esfuerzo: firme de hormigón impreso, pendientes inferiores al 7%, pasarelas de madera, bancos cada 200 metros y paneles interpretativos hacen que sea transitable en silla de ruedas o con carritos de bebé. La recompensa son castaños de más de 500 años, entre ellos el 'Abuelo', catalogado como árbol notable, con más de ocho metros de altura y un diámetro que supera los dos metros y medio, además de un mirador con vistas a la Peña de Francia y las curiosas figuras de granito talladas por Manuel Tomé desde 1995.

El atractivo no se agota en el paseo, porque la castaña es aquí cultura viva y motor económico. El árbol llegó de la mano de los romanos y da nombre a pueblos como Miranda del Castañar o San Martín del Castañar, mientras que la tradición de las calbotadas, las castañas asadas que se comparten en torno a Todos los Santos, convierte cada pueblo serrano en una fiesta de proximidad. La apuesta institucional es firme: la Diputación impulsa la Fiesta de la Castañicultura, que este año se celebró en veinte municipios, y la recién creada Asociación del Castaño de la Sierra de Francia trabaja con una parcela experimental en El Cabaco, donde se han injertado 120 castaños en una hectárea. Para quien busca estrenar el otoño sin alejarse de casa antes de la vuelta a la rutina, estas rutas demuestran que basta con perderse entre castaños centenarios, recoger el fruto caído y asarlo después junto a los vecinos.