Bad Bunny y Karol G ganan la demanda del reguetón: los productores jamaicanos se quedan sin derechos

El juez tumba la reclamación de Steely & Clevie, que querían cobrar por el ritmo dembow como si fuera una patente. Se acabó la idea de registrar un compás a partir de tres canciones distintas.

La demanda del reguetón se acaba con victoria para Bad Bunny, Karol G y otros 150 acusados. Sin dueño, sin patente, sin pagar peaje por un compás.

El juez ha desestimado la reclamación de Steely & Clevie, los productores jamaicanos que querían cobrar por el famoso ritmo dembow. Y lo hace con un argumento brutal: ese ritmo no se puede registrar. El reguetón respira aliviado, y con él toda una industria que factura sin pedir permiso.

La pelea era gorda. Los demandantes alegaban que el compás de media industria latina provenía de su canción Fish Market, de 1989. Luego ampliaron la reclamación y sumaron Dem Bow y Pounder. Es decir, cambiaron el argumento a mitad de juicio para que encajara mejor.

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El ritmo que nadie puede patentar

Steely & Clevie intentaron armar un monopolio temporal a partir de tres canciones: Fish Market, Dem Bow y Pounder. El juez no compró el invento. Según la resolución, los productores no identificaron una sola canción que contuviera la selección y disposición que pretendían proteger. No había una obra original clara; había un collage de tres piezas montado con fines litigiosos.

Bad Bunny, Karol G, Pitbull, Drake, Daddy Yankee y Luis Fonsi estaban en la lista de acusados. La demanda apuntaba a más de 150 artistas del género. El riesgo era real: una victoria jamaicana habría obligado a pagar regalías por el esqueleto rítmico de medio catálogo latino. Habría sido como cobrar por usar el acorde de do mayor.

El dembow no es de nadie: es el aire que respira media industria latina desde hace dos décadas.

El puzle legal que no encajó

El punto más absurdo del caso es que los demandantes usaron la ingeniería inversa. Primero reclamaron una canción. Después dos más. Al final, pedían al juez que protegiera una 'amalgama abstracta' de elementos sueltos. La ley de derechos de autor de Estados Unidos no funciona así: la creación protegida tiene que existir en una sola obra, no en una colección de similitudes reunidas para la ocasión.

Kenneth D. Freundlich, abogado de Bad Bunny, lo resumió en declaraciones a Billboard: 'No se pueden registrar los derechos de autor de un ritmo mediante ingeniería inversa a partir de tres canciones diferentes una vez que el litigio está en los tribunales'. Ahí queda eso.

Por qué esta sentencia blinda al género

Aquí empieza lo interesante. El fallo no solo salva a Bad Bunny o a Karol G: marca un límite para cualquier productor que intente reclamar un género entero. Conviene recordar que los productores jamaicanos también fueron pioneros. Pero una cosa es reivindicar influencia y otra exigir el copyright de un patrón rítmico compartido por cientos de canciones.

Todavía hay demandas pendientes por canciones que supuestamente usaron fragmentos directos de las grabaciones de Steely & Clevie. Son casos mínimos comparados con la guerra por la autoría de la composición. La mayor parte del caso, según recoge Billboard, ya está archivada.

El resumen para vagos (TL;DR)

  • 🎯 ¿Qué ha pasado? Un juez tumba la demanda de Steely & Clevie sobre el ritmo del reguetón.
  • 🔥 ¿Por qué importa? Bad Bunny, Karol G y otros 150 artistas evitan pagar por un compás que no se puede patentar.
  • 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Nos afecta: el reguetón seguirá sonando sin peajes raros ni dueños fantasmas.