10Los pueblos blancos de Cádiz: un paseo entre cal, flores y tapas
Si la escapada de septiembre se mide en kilómetros, la ruta de los pueblos blancos de Cádiz lo tiene casi todo: sus 19 localidades se reparten por la Sierra de Grazalema a menos de una hora de Jerez y a poco más de la capital gaditana, un plan perfecto para un fin de semana sin exprimir el calendario. Con el calor del verano ya de retirada, las fachadas encaladas lucen su mejor luz en estas fechas, cuando el sol de media tarde se desliza por callejones empinados y plazas llenas de macetas. Arcos de la Frontera actúa de puerta de entrada, colgada sobre el río Guadalete, y desde ahí la carretera serpentea entre olivares, pueblos-fortaleza y miradores. Es lo que buscan quienes prefieren la montaña y el encanto rural a la playa atestada: cercanía, clima agradable y la sensación de haber viajado lejos sin apenas moverse de la provincia.
El paseo entre cal, flores y tapas es la gran baza de esta ruta. La cal no es solo estética: esa capa blanca que da nombre a los pueblos se aplica desde el siglo XIX para reflejar el sol y mantener frescas las casas, y hoy convierte cada calle en un escenario de postal salpicado de geranios y buganvillas en balcones y patios. La parada más insólita es Setenil de las Bodegas, cuyas casas se incrustan bajo la roca del cañón del río Trejo, pero el tapeo se reparte por toda la sierra: desde el atún rojo de almadraba de Vejer hasta las migas y los quesos artesanos de Grazalema, maridados con vinos de Jerez. Con alojamientos rurales desde unos 30 euros la noche fuera de temporada alta, la ruta combina patrimonio, senderismo y gastronomía sin renunciar a la tranquilidad que se agradece justo antes de volver a la rutina.
