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Parador de Málaga Gibralfaro: la ciudad y la bahía desde el castillo

Vista panorámica del paisaje urbano de Málaga con montañas, capturando detalles arquitectónicos y belleza natural.

El Parador de Málaga Gibralfaro ocupa uno de los miradores más privilegiados de la ciudad: la ladera del monte que corona el castillo nazarí del mismo nombre, fortaleza erigida en el siglo XIV bajo Yusuf I para defender la Alcazaba y que, tras la conquista de 1487, sirvió de residencia temporal a Fernando el Católico. El edificio, de mampostería rugosa que emula la construcción castrense, abrió sus puertas como hostería el 12 de diciembre de 1948 y hoy conserva apenas 38 habitaciones, muchas con balcón asomado al puerto. Desde su terraza se abarca la bahía de Málaga de punta a punta, la misma vista que convirtió el enclave en atalaya siglos atrás: el topónimo Gibralfaro une el árabe yabal, monte, y el griego faruh, faro, huella de su pasado como punto de vigilancia costera.

La estancia justifica la subida al monte: la piscina de la azotea, a la altura de las almenas del castillo, permite refrescarse con la ciudad y el Mediterráneo a los pies, y el restaurante, considerado uno de los mejores de la red de Paradores, asoma directamente a la bahía con especialidades como el pescado frito malagueño o el gazpachuelo. El centro histórico queda a un cuarto de hora cuesta abajo, con la Alcazaba, el Teatro Romano, la catedral y el Museo Picasso a un paso, mientras el propio castillo, a un centenar de metros, regala al atardecer una de las panorámicas más fotografiadas de Andalucía. Septiembre, con el calor ya suavizado y las terrazas de la ciudad más despejadas, es la temporada en la que este balcón sobre la bahía luce en su mejor momento.