De Dembélé a Coutinho: los fichajes que hundieron las arcas del Barça y no rindieron en el campo

3
Dembélé, 105 millones más variables y una lesión tras otra, vendido al PSG por 50

Fichado en agosto de 2017 como recambio exprés de Neymar, Ousmane Dembélé costó al Barça 105 millones fijos más unos 40 en variables, de modo que la operación podía rondar los 147 millones, y firmó por cinco temporadas con una cláusula de 400 millones y un salario neto de 12 millones por curso. El desembolso se convirtió en una sangría que nunca se amortizó: a la inversión inicial se sumaron incentivos por partidos jugados y clasificaciones para la Champions, mientras el rendimiento no acompañaba. Seis años después, el club lo vendió al PSG tras activar el conjunto parisino una cláusula de rescisión de 50 millones, y ni esa cantidad llegó íntegra a las arcas culés: según las informaciones publicadas, el Barcelona ingresó unos 25 millones porque el resto se repartió entre el jugador y su representante, una cláusula negociada en la renovación que costó cara en el adiós. La diferencia entre los más de 100 millones desembolsados y el ingreso final, con una ficha millonaria de por medio, convierte esta operación en una de las más ruinosas de la historia reciente del club.

En lo deportivo, el balance es igual de demoledor. El extremo pasó seis temporadas en el Camp Nou con 185 partidos, 40 goles y 43 asistencias, cifras pobres para quien debía heredar el puesto de Neymar, aunque su palmarés incluye tres Ligas. El gran lastre fue la enfermería: perdió más de un centenar de partidos por lesión y cerca de 800 días de baja, quedando disponible apenas tres temporadas y media de las seis que estuvo en plantilla. Solo con Xavi recuperó su mejor nivel, con once goles y 21 asistencias en dos cursos y un papel clave en la conquista de la Liga 2022-23, justo antes de forzar su salida al PSG. La puntilla llegó en París: sin lesiones y con continuidad, el francés demostró que el talento nunca estuvo en duda, lo que evidencia el fracaso del Barça a la hora de gestionar su físico y su constancia. Un récord de inversión para un rendimiento intermitente que acabó siendo el peor negocio posible.