La caída de los influencers ya no es una sensación: los datos de seguidores empiezan a confirmar el hartazgo de la audiencia. La pregunta ya no es si hay burbuja, sino cuánto aire le queda.
El último incendio lo encendió Carliyo el Nervio (Carlos García) el pasado 12 de agosto, cuando publicó un vídeo sobre el eclipse total de Sol. 'Hay problemas por todos lados. Estamos viviendo una cortina de humo', soltó ante sus 1,7 millones de seguidores en TikTok. Su mujer, la también influencer Natalia Palacios, respondió a las críticas enumerando sus viajes de trabajo: Nueva York, Miami, Bahamas, y Seattle. Y la red echó humo.
Las cifras que confirman el hartazgo
Las voces de Fabiana Sevillano, quejándose de 'solo' un mes de vacaciones, o de Abril Cols, lamentando no salir de Andorra, terminaron de alimentar la conversación. Pero la verdad está en las cifras. Según Social Blade, Carliyo ha perdido 22.000 seguidores en Instagram en 14 días; Natalia Palacios, 39.000. La sangría se extiende: Fabiana Sevillano pierde más de 27.000; Lola Lolita, 11.000; María Pombo, 7.100. Roro es la más golpeada, con 87.000 menos en Instagram y 400.000 en TikTok (en su caso, tras la acusación de copia de Galitaari).
Por qué la audiencia ha dicho basta
A ver, que 'hay influencers e influencers', como dice el creador David Andújar. No se está rechazando la creación de contenido, sino al 'influencer por influencer', ese cuyo contenido gira alrededor de su propia vida. Andújar lo resume: 'Este discursito de 'soy como vosotros', cobrando las barbaridades que cobran, a la gente le está empezando a picar. Nosoloviernes añade que la audiencia de esos perfiles 'ha crecido': ahora tienen veintitantos y problemas para pagar la vivienda, mientras ven a sus ídolos comprarse la tercera casa. La audiencia que antes soñaba con viajar a Bali ahora se pregunta cuántas hipotecas hay detrás de ese tercer viaje.
La politóloga Adriana Hest pone el foco en la brecha de clase. 'El problema no son los influencers, es el declive de la conciencia de clase', sostiene. El aspiracionismo se ha convertido en negocio, y la desconexión con la realidad se paga con unfollows. Pero ojo: esto no es el fin de los influencers. Es el fin de una forma de influir que ya no encaja con una audiencia que se ha hecho adulta y no quiere que le vendan humo.
El precedente que explica este pinchazo
Hace una década, Dulceida o Lovely Pepa abrían sus blogs de moda sin saber qué estaban montando. Ahora la burbuja de los influencers mueve millones y el hartazgo se mide en seguidores que se van. El declive no es un accidente: es la resaca de un modelo que confundió la cercanía con la imitación y el privilegio con el mérito. Esa misma conversación se repite hoy con una diferencia: entonces no había datos de Social Blade para medir la caída. Ahora los números son el termómetro de un cambio de humor que ya no se puede ignorar.
La audiencia no ha dejado de seguir a los creadores, ha dejado de comprar el cuento de que su vida es igual que la tuya.
El Salseómetro
Nivel de salseo: 7,5/10. No hay un único enfrentamiento, sino un runrún colectivo que se traduce en cientos de miles de unfollows. La cifra de Roro es la que más duele, pero el debate de fondo no se apaga mañana.
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: Carliyo el Nervio, Natalia Palacios, Fabiana Sevillano, Roro y el fenómeno de los influencers.
- 📲 En qué red social ha pasado: Instagram y TikTok, con el debate amplificado en X.
- 🔥 Por qué es viral: Porque las cifras de pérdida de seguidores confirman el hartazgo con la vida privilegiada y la desconexión de clase.




