5 avances en la lucha contra el envejecimiento tras el último descubrimiento del CSIC

El último hallazgo del CSIC ha vuelto a situar el envejecimiento en el centro de la biomedicina. Un equipo del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, junto al Instituto Karolinska de Estocolmo, ha identificado una nueva diana para reparar el ADN de las células envejecidas. No se trata de buscar una fuente de juventud, sino de comprender los mecanismos moleculares del declive para intervenir con precisión. La colaboración internacional refuerza el peso de la investigación pública española. Las implicaciones van más allá del laboratorio.

La lista que sigue reúne cinco frentes de investigación que transforman la lucha contra el envejecimiento: la reparación del ADN, los fármacos senolíticos que eliminan células 'zombis', la reutilización de metformina o rapamicina, el reloj epigenético para medir la edad biológica y la reprogramación celular. El criterio para seleccionarlos ha sido su grado de madurez: algunos ya se prueban en humanos, otros aún están en fase experimental, pero todos cuentan con respaldo científico publicado y verificable.

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El descubrimiento del CSIC: una nueva diana para reparar el ADN de las células viejas

Un equipo del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols (IIBM), centro mixto del CSIC y la Universidad Autónoma de Madrid, en colaboración con el Instituto Karolinska de Estocolmo, identificó una molécula capaz de activar la enzima OGG1, la responsable de reparar el daño oxidativo del ADN. El hallazgo, publicado en Science en junio de 2022, parte de una premisa clave para la lucha contra el envejecimiento: con los años, el estrés oxidativo acumula en el genoma lesiones mutagénicas llamadas 8-oxoG, que la OGG1 detecta y elimina. La molécula, bautizada como TH10785, se une a dos aminoácidos del centro activo de la enzima (fenilalanina 319 y glicina 42) y multiplica por diez su actividad, actuando como un catalizador. El trabajo, cuyo primer autor es el investigador Carlos Benítez-Buelga, financiado por la Asociación Española Contra el Cáncer, demostró además en células que la molécula recluta a la OGG1 hacia las zonas dañadas y acelera su reparación.

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Lo que hace excepcional a este descubrimiento es que no se limita a potenciar una función existente: la TH10785 otorga a la OGG1 una función enzimática completamente nueva, una actividad β,δ-liasa que le permite cortar la hebra de ADN dañada sin depender de la endonucleasa APE1, lo que acelera todo el proceso de reparación. Es el primer ejemplo descrito de una molécula que "enseña" una nueva capacidad a una enzima reparadora, un concepto que abre un campo inédito en el diseño de fármacos, donde las pequeñas moléculas ya no solo inhiben o activan, sino que convierten una enzima convencional en una versión mejorada de sí misma. Esta vía podría emplearse para prevenir las lesiones que se acumulan con la edad y que están detrás de enfermedades como el alzhéimer, el cáncer, la obesidad o los trastornos cardiovasculares. Aunque el compuesto se encuentra todavía en fase preclínica, supone una de las dianas más prometedoras para reparar el ADN de las células viejas.

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