El gasto en armas de España se ha multiplicado por cuatro desde 2018: el Gobierno de Pedro Sánchez dedica ya 8.000 millones de euros más al año a armamento que el último Ejecutivo de Mariano Rajoy. La cifra, que equivale a un tercio de todo el presupuesto de Defensa, supone un giro histórico en las prioridades presupuestarias.
Indignómetro
Nivel de impacto social: 9/10. La decisión compromete un tercio del gasto en Defensa y obliga a priorizar el capítulo militar en un momento de fuertes demandas sanitarias, educativas y de vivienda. El debate público gira en torno a qué otras partidas dejan de recibir esos fondos.
El gasto en armas se ha cuadruplicado en menos de una década
Según los datos que maneja el propio Ejecutivo, el año pasado se destinaron 10.600 millones de euros a la compra de equipamiento militar, lo que supone un 32 % del gasto total en Defensa. Esta proporción es casi diez puntos superior a la de 2017 y multiplica por cuatro el esfuerzo inversor del último Gobierno de Rajoy.
Traducido: en apenas dos legislaturas, la partida de armamento ha pasado de ser un apéndice discreto a convertirse en el capítulo que más crece dentro del ministerio. Y las previsiones apuntan a que la tendencia se acelerará con los nuevos programas de misiles, drones, helicópteros y buques que ya están en marcha.
Por qué importa que España gaste un tercio de Defensa en material militar
La OTAN exige a sus miembros que dediquen al menos un 2 % del PIB a defensa, pero además fija un umbral interno: el 20 % de ese gasto debe ir a inversiones en equipamiento. España no solo cumple con creces (32 %), sino que supera a países como Francia, Alemania o Estados Unidos en porcentaje del PIB destinado a material bélico.
El dato desmonta la imagen de socio rezagado: España está en la mitad superior de la alianza en gasto en armas. La paradoja es que este salto se produce bajo un gobierno que ha mantenido un discurso contrario a la guerra y ha rechazado enviar tropas a Ucrania. La realidad presupuestaria, sin embargo, cuenta otra historia.
El desembolso en equipamiento militar ya supera los 10.600 millones anuales y crece a un ritmo que no se veía desde el siglo pasado.
Un giro que rompe con el pasado y mira a la OTAN
La apuesta por el rearme no es solo cuantitativa. Moncloa ha impulsado un cambio de estrategia industrial que abre la puerta a contratos con gigantes estadounidenses como Lockheed Martin o General Dynamics. El ejemplo más claro: Indra, controlada por el Estado, se acerca a Santa Bárbara (filial de General Dynamics) para compartir contratos que antes se reservaban a la industria nacional.
Mientras, la cumbre de la OTAN de 2026 ha evidenciado que la reconciliación con Washington pasa por estos contratos. Los nuevos misiles, la constelación de satélites para vigilar el Atlántico y la «muralla de drones» son proyectos que interesan directamente a Estados Unidos y que España ha empezado a financiar. La pregunta que sobrevuela el debate político es si este dinero seguirá saliendo del resto de partidas sociales o si se buscarán ingresos extraordinarios.
El precedente: de los recortes al rearme en una sola década
Entre 2010 y 2015, España aplicó fuertes tijeretazos en sanidad, educación y dependencia para cumplir con los objetivos de déficit. Ahora, el gasto militar crece sin que el techo de gasto se haya ampliado significativamente para otras áreas. El 32 % del presupuesto de Defensa equivale, por ejemplo, a más del doble de lo que el Estado invierte en políticas de vivienda.
Los defensores de la medida alegan que la modernización del Ejército era inevitable tras años de obsolescencia y que los contratos crean empleo tecnológico. Quienes la critican, en cambio, señalan que la urgencia social no ha merecido una apuesta presupuestaria comparable. El debate está servido y los próximos Presupuestos Generales del Estado aclararán si la tendencia se consolida.
📌 En claves: lo que debes saber
- Qué ha pasado: El gasto en armas se ha multiplicado por cuatro desde 2018 y ya supone un tercio del presupuesto de Defensa.
- Por qué te importa: Cada euro que va a tanques o misiles deja de ir a sanidad, educación o vivienda en un contexto de inflación persistente.
- A quién afecta: A todos los ciudadanos, porque condiciona el margen fiscal del Gobierno durante varios ejercicios.
- Hacia dónde vamos: Los nuevos contratos con empresas estadounidenses y los compromisos de la OTAN apuntan a que la factura seguirá subiendo en los próximos años.




