Un puente sumergido en una cueva de Mallorca prueba que los humanos llegaron al Mediterráneo occidental hace 6.000 años

En una cueva de Mallorca dormía, a casi ocho metros bajo el agua, la respuesta a una pregunta que los arqueólogos llevaban décadas haciéndose. El análisis de ese puente de piedra prehistórico adelanta en más de mil años la presencia humana en las Baleares y replantea cómo y cuándo se pobló el Mediterráneo occidental.

Hay hallazgos que no gritan, pero lo cambian todo. Lo que dormía a 7,5 metros de profundidad en el interior de la cueva Genovesa, en Manacor, llevaba miles de años esperando una respuesta: un puente de bloques de caliza, construido por manos humanas hace al menos 5.600 años, que acaba de reescribir la prehistoria de Mallorca y, con ella, la del Mediterráneo occidental. Hasta hace poco, los arqueólogos fijaban la primera presencia humana estable en la isla en torno a los 4.400 años. El puente los deja en evidencia.

El estudio, publicado en Communications Earth & Environment —la revista científica de Nature— y dirigido desde la Universidad del Sur de Florida con la participación de la Universitat de les Illes Balears, no tiene trampa. Los investigadores no encontraron cerámica debatible ni huesos mal conservados. Encontraron química y geología incontestables: las incrustaciones de calcita que marcan los antiguos niveles del mar sitúan la construcción del puente entre hace 6.000 y 5.600 años, periodo en que nadie, según la teoría anterior, había pisado aún la isla.

El puente que Mallorca escondía bajo el agua

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La cueva Genovesa está en Manacor, al este de Mallorca. Cuando sus pasillos fueron cartografiados por investigadores de la UIB en 1999, nadie imaginaba lo que esa estructura de ocho metros de largo iba a terminar significando. El puente conectaba dos cámaras elevadas separadas por un lago interior; era, en esencia, una solución de ingeniería prehistórica para cruzar en seco. Bloques de piedra caliza de hasta 1,3 metros de ancho, apilados uno sobre otro sin mortero, con una precisión que no se explica por accidente.

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Con el tiempo, el nivel del mar fue subiendo —como sigue haciéndolo hoy—, y el puente quedó sumergido. Esa misma subida es la que lo ha conservado y, paradójicamente, la que lo ha datado. La banda de coloración clara en su parte superior, formada en la interfaz agua-aire cuando el puente todavía estaba en uso, encaja exactamente con un breve estancamiento del mar hace entre 6.000 y 5.600 años. No hay margen para otra interpretación: fue construido entonces, o antes.

Mallorca y el Mediterráneo: un mapa que había que redibujar

Mallorca es la sexta isla más grande del Mediterráneo, pero la historia la tenía como una de las últimas en ser colonizada. El poblamiento inicial de las Islas Baleares se asociaba a la cultura del vaso campaniforme, hace unos 4.500 años, cuando la región oriental del Mediterráneo llevaba ya milenios poblada. Ese desfase siempre había intrigado a los prehistoriadores. El puente de la Cueva Genovesa reduce esa brecha en más de un milenio.

Lo que esto implica no es solo un retoque de fechas. Si los humanos llegaron a Mallorca hace 6.000 años, convivieron durante más de un milenio con el Myotragus balearicus, la extraña cabra-antílope endémica que se extinguió hace unos 4.200 años. La teoría de que los recién llegados la cazaron hasta exterminarla —tan limpia y cómoda— se complica de repente. Quizás la convivencia fue larga. Quizás la extinción tuvo más que ver con el clima que con el hacha.

¿Qué propósito tenía el puente de la Cueva Genovesa?

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El profesor Bogdan Onac, geólogo de la Universidad del Sur de Florida y autor principal del estudio, reconoce que la función exacta del puente sigue sin estar clara. Las hipótesis van desde refugio hasta espacio de rituales, pasando por almacén natural —la cueva mantenía temperaturas frescas incluso en el caluroso verano de Mallorca. Lo que sí está claro es que quien lo construyó sabía lo que hacía: planificó, organizó mano de obra y eligió materiales. No es la obra de alguien que pasaba por ahí.

Además del puente, en la cueva hay un sendero empedrado que conduce desde la entrada hasta el lago interior. Y junto a las estructuras se recuperaron fragmentos de cerámica del periodo Naviforme, lo que confirmó que el uso del espacio se prolongó durante siglos. El puente estuvo en funcionamiento aproximadamente entre 400 y 500 años antes de que el mar lo cubriera por completo. Una infraestructura que duró medio milenio no se improvisa.

La datación que nadie esperaba

El método que no deja margen al error

El secreto del hallazgo está en una formación llamada phreatic overgrowths on speleothems (POS): costras de calcita que crecen exactamente en la interfaz entre el agua salobre y el aire, en las cuevas costeras. En la Cueva Genovesa, esas costras tapizaron el puente cuando el nivel del mar subió y lo inundó. Al datar esas costras mediante series de uranio-torio —una técnica de precisión milimétrica—, los investigadores sabían que el puente tuvo que construirse antes de que el agua llegara. El resultado: al menos 5.600 años de antigüedad, con la posibilidad de que supere los 6.000.

El trabajo conjunto de cuatro universidades

El estudio es el resultado de una colaboración entre la Universitat de les Illes Balears —que descubrió el puente en 1999—, la Universidad del Sur de Florida, la Universidad de Nuevo México y la Universidad de Harvard. Joan Fornós, del departamento de Ciencias de la Tierra de la UIB y autor del trabajo, lo resumió así a la agencia EFE: la marca blanca del puente coincide con exactitud con la estabilización del nivel del mar de hace entre 6.000 y 5.600 años. No hay otra explicación posible. Y eso, en ciencia, es mucho decir.

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Lo que viene: más cuevas, más respuestas para Mallorca y el Mediterráneo

El equipo investigador no piensa parar aquí. El plan es aplicar la misma metodología —datación de POS combinada con modelos de niveles del mar durante el Holoceno— a otros sistemas de cuevas del Mediterráneo. Mallorca no sería un caso aislado: si sus cuevas costeras guardaban un puente de 6.000 años, cabe preguntarse qué guardan las de Menorca, Córcega o Cerdeña. La arqueología subacuática de toda la cuenca mediterránea podría estar ante un cambio de paradigma.

Hay además una lectura de futuro incómoda pero necesaria. El mismo proceso que conservó el puente —la subida del nivel del mar— sigue avanzando hoy, acelerado por el calentamiento global. Lo que en el Holoceno tardó milenios, los modelos del IPCC lo comprimen en décadas. Ese puente prehistórico no es solo historia: es también un indicador de lo que el mar puede borrar —y de lo que ya ha borrado— en costas que nadie ha explorado todavía.