Los escándalos del pasado continúan persiguiendo sin tregua a los miembros vinculados a la Corona británica. Una vez más, salen a la luz datos comprometedores que sacuden los cimientos de la realeza. Archivos recientes, compuestos por correos electrónicos interceptados y agendas oficiales del infame financiero estadounidense, han destapado una realidad bastante cruda. Se ha confirmado que Sarah Ferguson, a sus 66 años, no solo mantuvo su estrecha relación con el magnate tras ser este condenado hace 18 años por graves delitos sexuales contra menores, sino que llegó a organizar encuentros presenciales para visitarlo mientras él cumplía su sentencia.
Toda esta información, sacada a la luz por el diario The Telegraph, sitúa estos polémicos encuentros en un escenario muy concreto de Palm Beach, en Florida. Las reuniones no se produjeron en una sala de visitas de una prisión convencional, sino en un espacio de oficinas que pertenecía a una corporación completamente ficticia. Esta empresa fantasma fue creada estratégicamente por el delincuente mientras disfrutaba de un régimen de semilibertad.
La cuestionable visita de Sarah Ferguson a la oficina falsa en Florida

En el mes de junio de 2008, tras ser encarcelado por promover la prostitución de una menor de edad, el sistema judicial le otorgó un controvertido beneficio. Se le concedió la entrada a un programa de reinserción laboral que le autorizaba a abandonar su celda durante un máximo de 12 horas diarias. Este fue el contexto legal que propició la visita de Sarah Ferguson a lo que terminó siendo una auténtica tapadera criminal.
La que en su día fuera considerada la nuera favorita de la difunta reina Isabel II acudió a una sede que escondía intenciones muy oscuras. El millonario empleó aquel beneficio penitenciario para constituir una sociedad pantalla denominada Fundación Científica de Florida. Detrás de esta fachada corporativa formal, situada en el número 250 de South Australian Avenue, no existía ningún tipo de proceso de rehabilitación.
Lejos de reinsertarse, el delincuente aprovechaba la cobertura de esta oficina para dar continuidad a sus agresiones sexuales y perpetuar el tráfico de menores, tal y como han relatado recientemente varias de sus víctimas ante el mismísimo Congreso de los Estados Unidos. Fue exactamente en ese espacio tétrico donde Sarah Ferguson se reunió formalmente con él en dos ocasiones.
Los correos de la polémica que evidencian la actitud de Sarah Ferguson

El tono utilizado en la correspondencia privada entre Sarah Ferguson y el pedófilo convicto resulta impactante. Los correos muestran una confianza desmedida y una familiaridad que choca frontalmente con la gravedad de los delitos por los que él estaba cumpliendo condena. El primer encuentro documentado en esta falsa sede tuvo lugar en abril de 2009, cuando el financiero llevaba apenas nueve meses privado de libertad.
El 4 de abril de ese mismo año, la exduquesa redactó un mensaje dirigido a Epstein consultándole si existía la posibilidad de verse para compartir "una taza de té rápida", aprovechando que su itinerario de vuelo incluía una escala en Florida. Lo más llamativo es cómo cerró aquel escrito, firmando con una jovialidad absoluta: “Con cariño, Sarah la pelirroja”.
Este nivel de cercanía por parte de Sarah Ferguson llegó a su punto máximo unos días más tarde, cuando la exmujer del príncipe Andrés le envió otro correo cargado de pleitesía y elogios injustificables: “Mi querido, espectacular y especial amigo Jeffrey. Eres una leyenda y estoy muy orgullosa de ti. Gracias por cuidarme tan bien”.
El trasfondo que justificaba formalmente estas reuniones roza la contradicción moral más absoluta. Resulta que Sarah Ferguson acudía a las instalaciones ficticias de Palm Beach con el propósito de buscar apoyo económico e intercambiar ideas sobre un nuevo proyecto solidario que tenía entre manos. Irónicamente, esta iniciativa benéfica llevaba por nombre "Ejército de Madres" (Mother's Army) y tenía como objetivo fundacional crear una red de protección para conectar y ayudar a mujeres en situación de vulnerabilidad.
La revisión minuciosa de la agenda del magnate expone la rutina surrealista que mantenía en aquel lugar. Queda registrado que el 20 de abril de 2009, Sarah Ferguson tuvo que cancelar un encuentro para comer en el último minuto, enviando un correo que decía textualmente: “¡Aaaaghhh... No puedo tomar los vuelos!”.
Ese mismo día, justo después de esa cita frustrada, el delincuente tenía programada en esa misma oficina una sesión con su terapeuta especialista en adicción al sexo. Finalmente, la exduquesa de York logró concretar su segunda visita un mes después, en mayo de 2009. Para esa ocasión, se desplazó hasta el inmueble utilizando un vehículo conducido por el propio chófer del magnate, y lo hizo acompañada por Martin Huberty, quien ejercía como su jefe de gabinete en aquel entonces.
Otros implicados y las peligrosas visitas vinculadas a Sarah Ferguson

La presencia de personalidades de alto perfil en la órbita de esta oficina fraudulenta no se limitaba a Sarah Ferguson. Los informes señalan que Lord Mandelson, quien en aquella época ocupaba el cargo de secretario de Comercio en el Gobierno británico, mantenía contacto fluido a través de llamadas y videoconferencias de Skype con el despacho de Palm Beach. Se ha documentado que Mandelson incluso se hospedó en la residencia neoyorquina del magnate mientras este cumplía condena. La conexión era tan habitual que la asistente encargada de preparar las comunicaciones telefónicas se refería al montaje técnico como el "Despacho Oval para el Sr. Mandelson".
La controversia en torno a Sarah Ferguson se agrava al comprobar que la relación no se cortó ahí. En julio de 2009, tras pasar a la situación de arresto domiciliario, el delincuente presumió ante Ghislaine Maxwell (su mano derecha, quien hoy cumple una pena de 20 años de cárcel) sobre las visitas que recibía. En una de sus comunicaciones, afirmó: “Vinieron Ferg y las dos chicas”. Esta frase implica directamente que la exduquesa llevó hasta allí a sus propias hijas, las princesas Beatriz y Eugenia, que en aquel momento ya habían alcanzado la mayoría de edad.
Las burlas finales y la defensa del entorno de Sarah Ferguson
Con el paso del tiempo, cuando la red criminal se convirtió en un escándalo de proporciones mundiales, Sarah Ferguson trató por todos los medios de desmarcarse públicamente y condenar los actos del financiero. Sin embargo, en el ámbito privado, él se dedicó a mofarse de ella. En el año 2011, envió correos a sus socios tachando de absurdas las declaraciones de la británica, recordando la impunidad que reinaba en sus encuentros: "Había agentes de la ley en mi oficina cuando yo estaba en libertad condicional laboral que la dejaron entrar".
Frente al aluvión de críticas desatado por estos nuevos datos, el equipo de comunicación de Sarah Ferguson ha tenido que pronunciarse. Un portavoz oficial declaró ante la cadena BBC: “La duquesa expresó su arrepentimiento por su relación con Epstein hace muchos años. Y, como siempre ha sido, sus primeros pensamientos están con sus víctimas".
Además, intentaron posicionarla como una afectada más de la manipulación del empresario, afirmando que: "Como muchas personas, ella se dejó engañar por sus mentiras". El representante insistió en su rápida desvinculación añadiendo que: "Tan pronto como supo la gravedad de las acusaciones, no solo cortó todo contacto con él, sino que lo condenó públicamente, hasta el punto de que él la amenazó con demandarla por difamación por vincularlo con la pedofilia".
A pesar de estas justificaciones, la documentación expone una realidad dolorosa. En julio de 2019, la impunidad se frenó cuando la Fiscalía Federal de Nueva York reabrió el proceso, deteniendo al magnate sin fianza bajo acusaciones de conspiración y tráfico sexual de menores por tejer una extensa red de abusos en sus mansiones.
Se enfrentaba a una posible condena de hasta 45 años, con un juicio programado para el año 2020. No obstante, nunca llegó a pisar el banquillo de los acusados. El 10 de agosto de 2019 decidió quitarse la vida en su celda del Centro Correccional Metropolitano, cerrando la vía penal y dejando a sus decenas de víctimas sin justicia. Todo esto ocurría mientras el mundo asimila ahora que, años atrás, figuras de la élite como Sarah Ferguson compartían su tiempo en el mismo lugar donde se perpetraban los abusos.



