Si pasas por Zovuni, una aldea de Kotayk en Armenia, te topas con una escena que parece renderizada por una IA con demasiadas horas de sueño: tras una valla metálica, asoma un torso gigantesco de aluminio blanco, como si un Transformer bíblico se hubiese partido en tres pedazos y los hubiesen dejado tirados sobre la hierba. No es un montaje ni un glitch de la realidad: es el proyecto del oligarca Gagik Tsarukyan para levantar la estatua de Jesús más alta del mundo, aunque a la Iglesia de su país no le haga ni pizca de gracia.
La cifra exacta es 77,5 metros de altura para la figura y, sumando el pedestal, 101 metros sobre el monte Hatis, una cima de 2.500 metros con vistas a Ereván. El multimillonario armenio ya ha mandado fabricar la escultura en tres secciones de aluminio, listas para ensamblar, mientras las obras de la base avanzan desde septiembre de 2025 con la mirada puesta en 2027. Si todo sale según el plan de Tsarukyan, el monte Hatis se convertirá en un reclamo turístico de escala descomunal, pero también en un campo de batalla entre el hormigón y la tradición.
Un capricho de campeón de pulsos
Gagik Tsarukyan tiene 69 años y un currículum que parece escrito por un guionista con prisa: campeón mundial de pulsos en los 90, empresario acaudalado, líder fallido de un partido prorruso que en las últimas elecciones no llegó ni al 4% de los votos. The Guardian recogió que un embajador dijo de él que su estilo “haría que Trump pareciera un asceta”. Quien visite su mansión en Ereván lo entiende rápido: un zoo privado con tigres, leones y caimanes, y un salón enorme donde exhibe piezas de caza mayor disecadas por él mismo —os blancos, lobos, un águila—. Por si el megacristo fuese poco, Tsarukyan ya acaricia otro sueño bíblico: construir una réplica del Arca de Noé de 134 metros de largo con museo, hotel y cafetería. Dejar huella, dice, con proyectos “sagrados”.
La Iglesia no lo considera aceptable
El principal problema del monumento no es que sea un capricho millonario, sino que choca de frente con la identidad religiosa de Armenia. La Iglesia Apostólica Armenia dejó claro en 2022, en un comunicado, que «la Iglesia no lo considera aceptable». La razón no es una disputa vecinal: la tradición armenia rechaza las estatuas de Jesucristo por considerarlas ídolos; su fe se expresa con khachkars, cruces de piedra talladas, no con figuras gigantescas de aluminio. De hecho, las pocas estatuas de Cristo que asoman en el país han acabado vandalizadas. A la oposición eclesiástica se suma la ecológica: la organización Monument Watch denuncia la “destrucción” del monte Hatis, un espacio protegido por su biodiversidad y patrimonio.
No es solo una cuestión de altura: en Armenia cualquier estatua de Jesús ha sido vandalizada porque la fe se expresa con cruces de piedra, no con ídolos de aluminio.
Megalomanía con precedentes (y competencia)
Tsarukyan no es el único que quiere pasar a los libros de récords a golpe de cemento y fe. En Boadilla del Monte, España, planean un Jesucristo XXL de 37 metros; en Polonia, el Cristo Rey ya recibe el título Guinness de estatua más alta desde 2010. Pero el armenio apunta al doble de altura, sumando pedestal. La pregunta no es si la obra se terminará en 2027 —las máquinas ya horadan la montaña—, sino si tendrá que convivir con la misma polarización que despiertan los proyectos que confunden la gloria personal con el paisaje sagrado. Tsarukyan, entre tanto, ya ha pedido los tornillos para el Arca.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Un oligarca armenio ha fabricado una estatua de Jesús de 77,5 metros, que quiere plantar en el monte Hatis.
- 🔥 ¿Por qué importa? El proyecto desata choques ecológicos y religiosos: la Iglesia armenia rechaza los ídolos y prefiere los khachkars.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es otro episodio de megalomanía bíblica que demuestra que hay gente a la que no le basta con un zoológico privado.



