Si hay una fecha que marca el pulso de la capital hispalense, es el Domingo de Resurrección. Una jornada donde el fervor de la Semana Santa cede el testigo a la gran fiesta de la tauromaquia. Pero este año, el ambiente en las calles sevillanas respiraba una expectación distinta, Juan Carlos I ha vuelto y ha sido recibido con una impresionante ovación.
Este domingo el termómetro marcaba más de 30 grados, dejando una estampa primaveral de intenso calor que no mermó el entusiasmo de los aficionados congregados en los aledaños del emblemático recinto del Baratillo. Avanzada la tarde, la multitud aglomerada vio llegar el vehículo que trasladaba al rey emérito. Los sevillanos y curiosos presentes le brindaron una ovación ensordecedora, arropando su figura entre sonoros aplausos y gritos unánimes de "¡viva el Rey!" y "¡viva España!".
Juan Carlos I correspondió a esta inmensa muestra de cariño ciudadano con una amplia sonrisa y saludos constantes, dejando claro que se sentía en casa. A su lado, inseparable en esta jornada tan especial, se encontraba la infanta Elena. Ella tampoco podía ocultar su alegría por compartir este momento con su padre en una ciudad que ambos aprecian profundamente. Fiel a su estilo, la infanta deslumbró con un conjunto muy aplaudido por los expertos en moda, luciendo un llamativo vestido de cuero amarillo a juego con una chaqueta bordada con ribetes de marcado aire andaluz y motivos florales. Para rematar el estilismo, apostó por unas gafas de sol, zapatos de salón en tono marrón perfectamente coordinados con un bolso de estilo city y un elegante fular beige.
Una cumbre familiar previa y la presentación oficial del nuevo novio

Juan Carlos I aterrizaba en Sevilla al mediodía, a bordo del avión privado que utiliza para sus viajes desde Oriente Medio. Y lejos de descansar, su agenda familiar se puso en marcha de inmediato. Apenas una hora después de instalarse en su alojamiento, se desplazó al exclusivo Real Club Pineda.
Allí, en el restaurante Hoyo 19, tuvo lugar uno de los encuentros más comentados del día. El monarca disfrutó de un almuerzo privado junto a sus nietos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica. Pero la comida guardaba una sorpresa importante en la mesa. Victoria Federica acudió acompañada de su nueva pareja, Jorge Navalpotro, quien tuvo la oportunidad de conocer personalmente al abuelo de su novia en este distendido ambiente sevillano antes de que todos pusieran rumbo a la gran cita taurina.
El palco presidencial y un cartel que levantó pasiones en el ruedo

Una vez dentro de la Real Maestranza de Caballería, Juan Carlos I ocupó su asiento de honor en el palco presidencial, un espacio estrictamente reservado para la Familia Real. No es un lugar cualquiera para él, ya que ostentó el cargo de Hermano Mayor de esta orden nobiliaria entre los años 1993 y 2014, cediendo el testigo a Felipe VI tras su ascenso al trono. Estuvo escoltado en todo momento por su hija mayor y por Marcelo Maestre de León, actual teniente de la orden.
El cartel de la tarde era, sencillamente, de excepción. La expectación máxima recaía en Morante de la Puebla, quien reaparecía por la puerta grande tras haberse cortado la coleta el pasado 12 de octubre en Las Ventas de Madrid. Junto a él, completaban la codiciada terna Andrés Roca Rey y David de Miranda. Como muestra de máximo respeto, los tres diestros no dudaron en brindar sus respectivos toros al monarca, un gesto que desató nuevos aplausos en unos tendidos donde no faltaron rostros conocidos de la sociedad, como Francisco Rivera junto a Lourdes Montes, o el popular cantante de flamenco Paco Candela.
Un refugio señorial y los planes inmediatos del monarca en España

A diferencia de sus habituales escapadas a Sanxenxo, donde suele hospedarse en la residencia privada de su íntimo amigo Pedro Campos, en esta visita andaluza el rey ha optado por el confort de la hostelería de lujo. Su cuartel general ha sido el hotel Vincci La Rábida, un imponente establecimiento de cuatro estrellas erigido sobre una antigua casa palacio del siglo XVIII. Ubicado en el céntrico y castizo barrio del Arenal, este refugio de pura elegancia cuenta con una terraza panorámica que ofrece unas vistas inigualables y directas a la Giralda, permitiendo al huésped empaparse de la esencia de la ciudad.
Todo apunta a que esta visita marca el inicio de una estancia prolongada en territorio nacional. Debido a la actual situación de tensión en Oriente Medio, no existe una fecha fijada para su retorno a Abu Dabi. De hecho, su deseo de establecerse de manera definitiva en su país de origen es un secreto a voces entre su círculo más cercano. Al ser preguntado por los periodistas sobre cuándo planeaba volver a España de forma permanente, su respuesta fue rotunda y esperanzadora. "En cuanto pueda", confesó. Por lo pronto, su agenda española sigue sumando etapas, y ya tiene previsto viajar a tierras gallegas en apenas dos semanas para continuar disfrutando de su entorno y sus pasiones.



