Si pensabas que lo habías visto todo en internet, espera a ver lo que está pasando ahora en las grandes plataformas de ventas online, sí, esas que todo el mundo visita con bastante frecuencia. Productos ilegales escondidos entre descripciones ambiguas, anuncios disfrazados de inocencia y un sistema que promete controlarlo todo… pero que no llega. Es como si internet hubiera creado un mercado paralelo donde los algoritmos miran a otro lado.
Lo más inquietante es que no estamos hablando de webs remotas o foros oscuros. Hablamos de gigantes como AliExpress, Shein, Temu, Wish o eBay, cuyos escaparates digitales están bajo la lupa de gobiernos y organismos europeos. Y aún así, el goteo de denuncias no para, muñecas sexuales con apariencia infantil, armas prohibidas, contenido pornográfico accesible a menores… todo camuflado entre millones de productos.
Francia ha sido el primer país en levantar la voz, y lo ha hecho con contundencia. Pero el problema es más grande, más rápido y más global de lo que muchos imaginan. Esto va mucho más allá de un simple “fallo técnico”, estamos ante un nuevo mercado clandestino digital que se mueve en silencio mientras los algoritmos, supuestamente inteligentes, no frenan nada.
Un algoritmo que promete control… pero filtra a medias

El relato oficial de estas plataformas siempre ha sido el mismo, controles avanzados, modelos de IA vigilando cada anuncio y sistemas capaces de eliminar un producto ilegal en segundos. Pero la realidad apunta a otra dirección. Basta con una búsqueda algo menos evidente o un término disfrazado para que aparezcan anuncios que nunca deberían estar allí. No es que el algoritmo no los vea, es que no está entendiendo lo que pasa o no quiere profundizar demasiado donde hay ventas de por medio.
Francia lo ha dejado claro tras sus investigaciones, no es cuestión de excepciones, sino de fallos estructurales. Muñecas sexuales con rasgos infantiles, armas de categoría A, cosméticos no autorizados o juguetes peligrosos se han vendido (y se siguen vendiendo) en plena luz digital. Intentan esconderse detrás de descripciones vagas, fotos genéricas o eufemismos que dan vergüenza ajena, pero que logran esquivar los filtros automáticos. Y mientras tanto, millones de usuarios navegan sin saber lo que hay detrás de algunos “productos recomendados”.
Denuncias que cruzan fronteras (y plataformas que reaccionan cuando les conviene)

Lo ocurrido con Shein en Francia ha sido un terremoto. En cuanto el Gobierno detectó la venta de muñecas sexuales con apariencia infantil, la respuesta fue contundente, bloqueo temporal, investigación inmediata y amenaza de prohibición en todo el país. La empresa reaccionó rápido, eliminó miles de productos, suspendió vendedores y hasta cerró por completo la categoría de artículos para adultos. ¿El problema? Que solo actuó cuando la crisis ya había estallado.
AliExpress, Temu, Wish, Joom y hasta eBay han acabado en el mismo saco. Las autoridades francesas los acusan de vender artículos ilegales o permitir contenido degradante accesible a menores. En España, Facua ya ha presentado denuncias similares, alertando de que muchos de estos productos siguen visibles con solo buscar unas cuantas palabras clave. Se retiran algunos, otros se camuflan y, con demasiada frecuencia, acaban reapareciendo bajo otro vendedor recién creado. Es un juego del gato y el ratón que siempre empieza por el mismo lado: el usuario denunciando lo que el algoritmo no frenó.
Europa observa… pero no quiere entrar en guerra con las plataformas

La paradoja es evidente, mientras Francia endurece su postura y pide suspensiones, Bruselas pisa el freno. La Comisión Europea admite que está investigando, que hay problemas serios y que se incumple la Ley de Servicios Digitales. Pero, a la vez, dice que suspender una plataforma entera es un “último recurso” y que, de momento, no lo hará con ninguna. El mensaje es contradictorio, se reconoce el riesgo, pero la respuesta llega descafeinada.
Mientras tanto, el mercado clandestino digital sigue creciendo entre grietas regulatorias. Los gigantes del e-commerce se protegen señalando a los vendedores externos como responsables. Los gobiernos piden explicaciones. Las asociaciones de consumidores denuncian. Y los algoritmos continúan clasificando, recomendando y permitiendo que productos ilegales fluyan entre millones de artículos como si nada. Todo esto deja una sensación incómoda, la tecnología que prometía protegernos está siendo desbordada por su propia escala.
Al final, la sensación es la misma que cuando entras a un bazar gigantesco sin saber qué hay realmente en cada pasillo. La diferencia es que aquí todo se esconde detrás de pantallas, algoritmos y supuestos controles inteligentes. Quizá ha llegado el momento de exigir menos promesas futuristas y más responsabilidad real. Porque si el mercado clandestino ya está dentro de las plataformas más populares del mundo… ¿qué más se está colando sin que lo veamos?







