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El 10% de la población afirma que no tendría ninguna relación con personas con VIH

El diez por ciento de la población española (casi cinco millones de personas) reconoce que no tendría ninguna relación con personas que padezcan el VIH, a pesar de que el estigma ha disminuido en la mayoría de los indicadores, tal y como revela la encuesta ‘Creencias y actitudes de la población española hacia las personas con VIH 2021’.

Así lo ha reiterado la directora ejecutiva de la Sociedad Española Interdisciplinaria del SIDA (SEISIDA), María José Fuster, quien ha participado en las Jornadas sobre mujer y VIH ‘Juntas y VIHvas’ organizadas por CESIDA.

María José Fuster ha explicado que el estudio se ha centrado en el estigma público, aquel que gira en torno a las creencias que la sociedad tiene hacia las personas con VIH. Así, 1.600 personas han sido consultadas sobre la evolución del estigma comparado con estudios realizados en el 2008 y 2012. Para calcular el índice de estigma se ha asignado un punto a cada uno de los ítems que reflejan acuerdo con los indicadores de estigmas medidos (incomodidad, evitación, políticas discriminatorias y atribución de culpa).

Al respecto, la puntuación ha pasado de un 2,6 sobre diez en 2008 al 1,36 actual. «Hemos observado que casi todos los indicadores han disminuido y eso son buenos noticias aunque hay algunos que no se han reducido o han permanecido estables», ha asegurado.

El VIH ha sido considerado por los consultados como la segunda enfermedad como la segunda más grave, por detrás del cáncer y por delante de la COVID, tuberculosis y sífilis. A pesar de que se ha avanzado en el conocimiento sobre dicha patología aún existen algunas dudas en torno a las vías de transmisión.

En este sentido, el 11 por ciento cree que el VIH se puede transmitir por compartir un vaso, el nueve por ciento por usar baños públicos, ocho por ciento por estornudar y un 21 por ciento por la picadura de un mosquito, una cifra que también se ha reducido puesto que en el 2008 el 34 por ciento señalaba esta opción.

También la encuesta ha consultado sobre cuántas personas conocen los participantes con VIH, algo que ha desvelado que el 63 por ciento no conoce a nadie con la enfermedad. En caso de conocer, el 50 por ciento asegura no tener problemas en tener amigos con VIH, el doce por ciento afirma que podría tener una pareja con esa enfermedad.

Por otro lado, la evolución de los sentimientos hacia las personas con el VIH ha cambiado. Por ejemplo, el grado de simpatía ha aumentado desde el 7,6 en 2008 al 8,3 por mientras que el grado de pena ha pasado del 6,8 al 5; el grado de miedo ha disminuido del 4 al 2; y el asco ha pasado del 2,1 al 0,7 (todos ellos sobre 10).

DAR NOMBRES, APARTAR Y CAMBIAR

Además, la encuesta ha preguntado el grado de incomodidad que tendrían las personas si hubiera una persona con VIH en el colegio de sus hijos, en una tienda frecuente a la que acuden o en el trabajo. En este caso, también ha disminuido en las tres posibilidades aunque en el colegio aún el 36 por ciento se sentiría incómodo.

Sobre esta cuestión, también se ha analizado la intención de evitación en estos tres lugares en las personas que han reconocido su incomodidad y, en palabras de Fuster, aunque ha disminuido se ha producido un decrecimiento menor. «Hemos preguntado si tratarían de cambiar el colegio a sus hijos, si cambiarían de tienda o a su compañero de trabajo. No hay diferencias significativas, cuando uno tiene el prejuicio sutil instalado es más difícil», ha lamentado, antes de precisar que el 45 por ciento cambiaría a sus hijos de escuela, el 32 por ciento se cambiaría de tienda y el 25 por ciento cambiaría a su compañero de trabajo.

Por otro lado, la encuesta ha lanzado algunas propuestas discriminatorias para conocer el grado de acuerdo de los consultados. Al respecto, el 7,6 por ciento afirma que la ley debería obligar a que las personas con VIH estuvieran separadas «para proteger la salud pública» y el 5,5 por ciento cree que se deberían hacer públicos los nombres de las personas con VIH «para que la gente que quisiera pudiera evitarlas».

Por último, María José Fuster ha recalcado que el Pacto Social por la No Discriminación ha logrado grandes avances aunque ha matizado que todavía se debe mejorar en algunos puntos, como reestructura creencias falsas sobre transmisión casual del VIH; combatir miedos e incrementar el contacto.

«La ocultación no libremente elegida tiene consecuencias negativas provocando malestar psicológico, peor salud física, menos derechos y la imposibilidad de contacto», ha concluido.