Compartir

En este concreto instante en el que lees estas líneas, miles de españoles se ‘pegan’ a través del teléfono con una teleoperadora para que le dé de baja de un servicio que tiene contratado. Sí, todos sabemos que es una misión imposible que nos pone de los nervios y que termina por sacar nuestro peor lado.

Por no hablar de esa terrible (y odiable) musiquita con la que te sacan los cuartos y en la que, de vez en cuando, se interpone una voz robotizada que asegura que todas las líneas están ocupadas. Rubén Sánchez, portavoz de FACUA, ha escrito un libro llamado ‘Timocracia’ en el que alerta de las trampas que utilizan las compañías telefónicas para retrasar y “tomar el pelo a los consumidores”. ¿El objetivo? Poner alguna traba a esa baja y mantener al cliente engañado el máximo tiempo posible (no, ante la temible musiquita, de momento, no hay nada que hacer).

Repasamos como señala el propio Sánchez en su libro, las 10 “formas de convertir nuestro contrato de telefonía en una cárcel” de la que no poder escapar nunca.

1El robot que entiende a un marciano pero no la palabra “baja”

Sí, además de tenerte a la espera (cobrándote el minuto por un pastizal gracias al maravilloso y saturado servicio del 902) durante varios minutos para que te atiendan y luego no te hagan ni caso, antes de llegar (si es que lo consigues) tiene que pasar el ‘casting’ de un robot que como ironizan en FACUA, “sea tan sofisticado que han conseguido que imite a la perfección la voz de Ben Affleck pero cuando te pregunte qué deseas sea incapaz de entender la palabra baja”.

Seguramente hayas pasado por esa situación alguna vez y diciendo “me ha tocado el robot más inteligente y a la vez el más torpe del mundo”. ¡Menuda mala suerte!

Atrás