4Señales de que la dosis te está sentando mal: heces blandas, gases o retortijones
El primer aviso casi nunca es un dolor fuerte, sino un cambio en el baño. Cuando la dosis de magnesio supera lo que tu intestino alcanza a absorber, el mineral que queda libre retiene agua en el intestino delgado y en el colon por efecto osmótico, y ese exceso de líquido ablanda las heces y acelera el tránsito. A eso se suman, en bastante gente, gases, hinchazón, retortijones y alguna náusea. No es una reacción rara ni peligrosa: los organismos reguladores sitúan el umbral en el que aparece diarrea leve en torno a los 360-365 mg al día, y fijan en 250 mg la cantidad por debajo de la cual no se observan efectos laxantes en adultos. Una toma única de 300 mg antes de acostarte queda, por tanto, por encima de ese listón para una parte de la población. Con riñones sanos, esa diarrea osmótica suele revertir en uno o dos días.
Conviene distinguir una intolerancia a la dosis de un problema digestivo de fondo. Si las heces blandas aparecen al empezar y son leves, lo habitual es que se atenúen conforme el cuerpo se adapta. También cuenta la forma química: el óxido, el citrato, el sulfato y el hidróxido están entre las sales más laxantes, mientras que el bisglicinato, el lactato y el malato se toleran mejor. Repartir la dosis en dos tomas, tomarla con comida y arrancar bajo para subir poco a poco reduce mucho las molestias. Si aun así persisten los retortijones o la diarrea, la recomendación es interrumpir el tratamiento de forma temporal y reiniciarlo con una dosis menor cuando los síntomas cedan. Si el malestar continúa tras cambiar de forma y bajar la cantidad, toca consultar.
