Dónde comer en Santander: los mejores restaurantes de rabas, anchoas y sorropotún

Barras de toda la vida, bistrós con técnica y casas de cuchara repartidas entre el centro, Puertochico y Cueto. Con direcciones, platos estrella y precios orientativos.

Si buscas dónde comer en Santander sin arruinarte, respira: la capital cántabra tiene barra, mantel y mucho Cantábrico. Aquí se tapea con anchoas y rabas, y también se come de cuchara sin que la cuenta dé un susto.

Esta guía reúne tascas clásicas, casas de comidas y bistrós con técnica repartidos entre el centro, Puertochico y Cueto. La calle Peña Herbosa y Puertochico son el epicentro del tapeo santanderino, aunque hay vida (y muy buena) más allá. Los precios y los horarios cambian con la temporada, así que conviene confirmar antes de plantarte en la puerta.

Qué es típico comer en Santander

La anchoa en salazón es casi obligatoria, y las rabas de calamar van justo detrás: las rabas son una preparación, no solo una especie, y admiten magano, peludín y otras variantes que cambian el bocado.

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El marisco manda, sobre todo los crustáceos, y las cartas tradicionales suman cocido montañés, cocido lebaniego y el sorropotún de bonito, esa cazuela de pescado menos conocida de lo que merece. Para cerrar, los quesos de los Picos de Europa, con el picón como imprescindible.

Los mejores bares de tapas y raciones en el centro

La calle Peña Herbosa es el centro de peregrinación del tapeo, y la ciudad invita a no aferrarse a una sola barra: prepárate para acodarte en en varias la misma tarde. Abunda la tortilla, abunda la anchoa y abunda la raba, y en muchos locales la barra compite de tú a tú con la sala.

Vermutería Solórzano

Vermutería Solórzano es parada obligada de vermut y rabas, y también de gildas, con boquerón o con anchoa. Su picoteo suma latas de anchoa y mejillón, conservas vegetales y tapas calientes como croquetas, albóndigas de atún o pimientos rellenos de rabo de toro. No es barato en general, pero si eliges bien sales comido por menos de lo que crees. Calle Peña Herbosa, 17.

Comer bien en Santander no va de manteles largos: va de una barra con anchoas, un vermut bien frío y saber cuándo parar.

Casa Lita

Abierto en 2003, reivindica Santander y Cantabria desde el pincho. La rotación de la barra es alta, así que es difícil repetir, y sus pinchos no son los más baratos del mundo pero son sustanciosos: con tres o cuatro pinchos sales comido. Los de solomillo, ensaladilla rusa y champiñones tienen buena fama. Paseo de Pereda, 37.

La Casa del Indiano

En el Mercado del Este, con restaurante, gastrobar y barra. Hay rabas de peludín y de magano, mejillones, almejas y rejos (las patitas del calamar, lo más ortodoxo de la cocina cántabra), junto a guacamole, morcilla con idiazábal gratinado o pintxos de solomillo y foie a la plancha. Calle Hernán Cortés, 4.

mejores restaurantes Santander

La Mar

Ostrería en plena Peña Herbosa que sube el tapeo al producto gourmet sin perder el tono de barra. Las ostras se piden por unidades y se acompañan de espumosos o vinos por copas. La carta es corta y muy escogida: gambas marinadas, ahumados, ventresca, conservas, quesos y hasta caviar. Calle Peña Herbosa, 11.

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Mesón Rampalay

Junto a la iglesia de Santa Lucía y a dos pasos de Cañadío, abrió en 1984 y conserva el aire de casa de comidas burgalesa trasplantada a Santander. Su barra reúne más de treinta pinchos diarios, con la ensaladilla, el salpicón de marisco y las rabas como fijos, y la cocina sigue un calendario de cuchara: alubias rojas los lunes, cocido lebaniego los miércoles y montañés los jueves. Calle Daoíz y Velarde, 9.

Dónde comer bien y barato en Santander

Pucheros y cazuelas dan cobijo a santanderinos y viajeros, que también encuentran, Sardinero arriba y abajo, ofertas más ajustadas. Es momento de cocido, de carnes y de platos de pescado en cazuela que se salen del perfil elitista que a veces persigue al marisco.

Bodega Fuente Dé

Si toca cocido en el centro, este es el sitio. Bodega de jamones colgados, botelleros y mesas de madera sin concesiones a la estética, donde el lebaniego y el montañés se alternan según el día. La carta suma raciones de bocartes y chorizo, quesos de los Picos (el picón es imprescindible) y carnes y pescados sencillos. Calle Peña Herbosa, 5.

Magnolia

Abierto en 2011 en la calle Tetuán, en plena zona de Puertochico, gusta a casi todo el mundo: comedores amplios, terraza cubierta arriba y cocina tradicional con vueltas de tuerca en la presentación. Funciona para compartir croquetas, tortillas, tacos de merluza, rabas, mejillones o callos, y se come bien por entre 20 y 30 euros. Tiene hermano en Castro Urdiales.

Umma

El joven chef y propietario Miguel Ángel Rodríguez firma una cocina moderna, generosa y pensada para compartir, que mira al recetario de siempre sin quedarse en él. El local, en dos alturas, tiene aire neoyorquino: techos altos, ladrillo visto y pinturas rupestres. Raciones copiosas y una relación calidad-precio poco frecuente. Calle del Sol, 47.

Querida Margarita

Bistró de Puertochico que aplica técnica de alta cocina a platos reconocibles y reconfortantes, con el chef Valentin Binisti al frente. Tiene un menú muy ajustado de precio, una carta corta con ostras bien tratadas, pescados del día o un entrecot con mantequilla, y una bodega muy por encima de lo que cabría esperar en un local de este tamaño. Calle Andrés del Río, 7.

Marucho

Esta taberna resume el Santander marinero como pocas: mesas apretadas, décadas de fotos en las paredes y vitrinas con lo que ha entrado de la lonja. Se viene a por pescado y marisco del Cantábrico sin artificio: merluza, centollo, almejas, anchoas sobre pimientos asados o las albóndigas de pescado. Calle Tetuán, 21.

Conde Luna

Junto al parque de Mataleñas, lejos del bullicio, es uno de esos clásicos que no pasan de moda. Cocina tradicional con las brasas como hilo conductor y un cocido montañés tan reconocido que llegó a ilustrar un sello de Correos. Las rabas y la quesada pasiega completan lo imprescindible. Calle Inés Diego del Noval, 11.

Y si te queda hambre, apunta también el Mesón Gele, El Desfiladero (cocido lebaniego a diario) y La Nuncia by Sergio Toca, en Cueto.

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Restaurantes gastronómicos para darse un homenaje

Si el presupuesto no aprieta, Santander tiene mesa de mantel largo. Entre los nombres que suenan siempre están Cañadío, Bodega Cigaleña, Bodega del Riojano, La Bombi, Gelín, El Serbal y Casona del Judío. Toca reservar con tiempo y dejarse llevar por la temporada, porque en la ciudad el producto manda casi siempre.

🍽️ La ficha foodie

  • 🏠 Local / Establecimiento: Recopilatorio de bares y restaurantes de Santander.
  • 📍 Ubicación: Centro (calle Peña Herbosa), Puertochico, El Alisal y Cueto, en Santander.
  • 🍴 Tipo de comida / Especialidad: Anchoas, rabas, sorropotún, cocidos cántabros, marisco y quesos.
  • 💰 Precio medio: Del picoteo en barra al menú de entre 20 y 30 euros en Magnolia.