Los pingüinos barbijo de la Antártida emiten 490.000 toneladas de metano al año solo con sus excrementos. Sí, el animal más fotogénico del planeta también pasa factura climática.
Un equipo del CSIC y la Universidad de Granada ha medido las emisiones de dos colonias en la isla Decepción, y el resultado se ha publicado en Nature. La cifra no es una estimación de servilleta: 490.000 toneladas anuales salen de dos colonias concretas, contabilizadas con aparatos y no con la intuición de alguien con prismáticos.
El mecanismo es asquerosamente simple. Los pingüinos comen, digieren, y defecan; los microbios del suelo descomponen el guano y sueltan metano. Ese gas retiene el calor en la atmósfera con más eficacia que el CO₂, aunque se degrada antes. La cuenta sale igual.
Qué han medido exactamente (y con drones)
Para cartografiar el terreno afectado, los investigadores del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía tiraron de drones, sensores y una buena dosis de paciencia antártica. Ahí apareció el segundo número: cuando extrapolas toda la superficie que estas colonias ensucian de verdad, la horquilla se dispara hasta los 7 millones de toneladas al año.
El dato gordo: como las termitas, pero con mejor prensa
Siete millones de toneladas anuales es una cifra del mismo orden que las emisiones atribuidas a las termitas en todo el planeta. Los pingüinos no son una anécdota local: son una fuente de metano que no figuraba en ningún inventario global. Nadie la había medido porque a nadie se le había ocurrido medirla.
Ojo, la extrapolación todavía hay que afinarla. El estudio es firme en las dos colonias de la isla Decepción y prudente al ampliar la escala, que es exactamente como debe hacerse. Cosas que pasan cuando mides antes de opinar.
Durante décadas hemos contado vacas, termitas y tubos de escape. A los pingüinos nadie les había pasado la calculadora por el suelo.
Por qué este dato importa más de lo que parece
El pingüino ya tenía precedentes incómodos. Los pedos de las vacas llevan años en los informes climáticos y las termitas aparecen en los balances de gases naturales. Lo nuevo es el método: la combinación de drones y sensores permite medir colonias remotas donde antes solo había estimaciones a ojo. Ese es el verdadero salto del trabajo, más que el número en sí.
¿Y qué se hace con esto? Nada, obviamente. No vas a ponerle una mascarilla a un pingüino ni a instalar captura de carbono en la isla Decepción, que además tiene un volcán activo capaz de emitir bastante más que las aves. La utilidad es otra: los inventarios globales de gases tenían un agujero antártico sin cuantificar. Y un inventario con agujeros sirve regular.
Suma el contexto que viene encima: el deshielo y los cambios en las corrientes antárticas pueden reorganizar las colonias en las próximas décadas. Más pingüinos repartidos por más kilómetros cuadrados son más microbios trabajando en silencio. Mejor tener el dato antes de que cambie el mapa.
La conclusión es incómoda y algo absurda. El animal que usamos como icono del cambio climático resulta que también empuja un poco en la misma dirección. No es culpa suya, es biología. Así que la próxima vez que veas un documental con pingüinos caminando en fila sobre la nieve, ya sabes lo que va dejando cada uno detrás. Dejémoslo en un 'la naturaleza es así'.
El resumen para vagos (TL;DR)
- 🎯 ¿Qué ha pasado? Un estudio del CSIC mide el metano que sueltan los excrementos de dos colonias de pingüinos barbijo.
- 🔥 ¿Por qué importa? Extrapolando toda la superficie afectada, la cifra podría llegar a 7 millones de toneladas al año.
- 🤔 ¿Nos afecta o es solo un meme? Es un dato científico con moraleja: el icono del cambio climático también suma un poco.




