2Una base, tres platos: del pollo asado al salteado, la ensalada templada y la sopa
El pollo asado es la base que sostiene el resto de la semana y por eso encabeza esta combinación. En una sola sesión de horno —entre 45 y 60 minutos para un pollo entero, según el tamaño de la pieza— se cocina la proteína principal y, de paso, una bandeja de verduras troceadas que caben debajo, aprovechando el calor y los jugos que va soltando. Se puede partir de un pollo de asador, pero hacerlo en casa permite controlar la sal y quedarse con la carcasa, que es la materia prima de la sopa. De ahí salen raciones para tres o cuatro comidas distintas: la pechuga, más seca, aguanta bien desmenuzada en frío; los muslos y contramuslos, más jugosos, funcionan mejor pasados por la sartén. La referencia prudente de conservación es de tres a cuatro días en nevera a temperatura correcta, y lo que no se vaya a comer en ese plazo conviene congelarlo el mismo día de la cocción, no cuando ya lleva días abajo.
El mérito no está en el pollo, sino en que tres platos muy distintos salen del mismo trabajo. El salteado se resuelve en unos 20 minutos: tiras de pollo a fuego fuerte con cebolla, zanahoria, pimiento y calabacín, salsa de soja y, si hay, arroz cocido del día anterior, que al estar más seco queda suelto en lugar de apelmazado. La ensalada templada aprovecha las verduras asadas de la bandeja del horno y el pollo desmenuzado, con un aliño de aceite, limón o vinagre incorporado en el último momento. La sopa se levanta con la carcasa y las partes menos vistosas, un caldo al que se suman las verduras que hayan sobrado y algo de arroz, fideos o legumbres para que resulte un plato completo. Que no parezca comida repetida depende de un detalle de almacenamiento: cada elemento por separado y el aliño o el salteado resueltos justo antes de sentarse a la mesa.
