Mitos y realidades del ayuno intermitente: ¿es adecuado para todo el mundo?

4
Mito: la autofagia y la longevidad ya están demostradas en humanos

Una mano de adulto mayor con arrugas tocando la tierra, simbolizando la conexión con la naturaleza.

Que la autofagia existe y es imprescindible no está en discusión: lo demostró Yoshinori Ohsumi, Nobel de Medicina en 2016, con experimentos en levaduras, y es el sistema con el que la célula recicla proteínas dañadas y orgánulos viejos. El problema es el salto que se da desde ahí a la promesa de que ayunar "activa la autofagia" y que eso alarga la vida. Casi toda la evidencia que vincula la restricción de nutrientes con más autofagia y más longevidad procede de levaduras, gusanos, moscas y ratones; en personas no se ha demostrado. Y no es por falta de interés, sino porque medirla es muy difícil: los marcadores directos exigen biopsias o condiciones de laboratorio muy controladas, y los indirectos, como la expresión de genes LC3B, ATG5 o LAMP2, son poco específicos e indican actividad celular, no beneficio clínico. No existe un biomarcador validado de flujo autofágico en sangre.

El mejor dato humano disponible tampoco cierra el círculo. Un ensayo publicado en The Journal of Physiology en 2025, con Bensalem como primer firmante, midió el flujo autofágico en células inmunitarias de 121 adultos con obesidad durante seis meses y comparó ayuno intermitente con ventana de alimentación, restricción calórica y atención habitual. La diferencia frente al grupo control solo apareció a los seis meses y en un análisis post hoc (p = 0,04), sin aumento significativo respecto al punto de partida dentro del propio grupo de ayuno; los autores admiten que parte del efecto pudo deberse a que el grupo control empeoró. La medición, además, se hizo en sangre, no en hígado o músculo. Sobre la longevidad, la extensión de la vida por restricción calórica se ha observado en organismos modelo y su vínculo con la autofagia humana sigue siendo una hipótesis. El mito importa porque sostiene un mercado de suplementos y los ayunos de tres a cinco días, con riesgos documentados: pérdida de masa muscular, mareos, alteraciones electrolíticas e hipoglucemia.