Sí, todo el mundo tiene hemorroides. Y no, no es ninguna desgracia: forman parte de la anatomía normal y hasta nos ayudan a no escapársenos nada.
La cosa va de cojines. El doctor Daniel Adolfo Melero-Montes, especialista en Cirugía General y Aparato Digestivo en HM Hospitales, lo cuenta en una entrevista con Europa Press Salud Infosalus: las hemorroides o almorranas son pequeños cojines de venas que todos tenemos de forma natural en la zona final del recto y del ano.
Están ahí para controlar la continencia, para que no se nos escape nada sin querer. El problema aparece cuando esas venas se hinchan más de lo normal por un aumento de presión en la zona. Entonces empiezan a dar síntomas y hablamos de enfermedad hemorroidal.
Los síntomas típicos son bastante reconocibles: sangrado al ir al baño (normalmente rojo vivo, en el papel o goteando), picor, molestias o un bulto en la zona y, a veces, dolor si la cosa se complica. Un clásico que arruina mañanas.
El mito que más daño hace: 'si sangro, seguro que son hemorroides'
Aquí está el detalle que sí importa. El sangrado al ir al baño es el síntoma más habitual, pero ese mismo síntoma puede deberse a otros problemas más serios. Por eso el especialista insiste en que cualquier sangrado, dolor persistente o bulto que no mejora en unos días debe pasar por consulta. Darlo por hecho y automedicarse es lo que retrasa la detección de cosas como el cáncer colorrectal.
Y ojo con la idea de que duele, luego son almorranas. Según este coloproctólogo, el dolor no es el primer síntoma que hace pensar en hemorroides: casi siempre va asociado a otra entidad con tratamiento distinto, como una fisura anal o un absceso.
Asumir que un sangrado son 'almorranas' es cómodo, rápido y gratis. Y también la forma más tonta de llegar tarde a un diagnóstico.
¿Y las cremas y los remedios caseros? Ayudan, pero con matices. Alivian el picor, la inflamación y la molestia puntual, y los baños de agua tibia o cambiar la dieta dan alivio en los episodios leves. Lo que no hacen es tocar la causa de fondo: si la hemorroide ya está muy desarrollada o el problema se repite, solo tapan el síntoma un tiempo mientras el asunto de base sigue ahí.
Ni la edad ni la cirugía son un destino escrito
Otra creencia que circula: que con los años esto es inevitable. Falso. En su desarrollo influyen los hábitos mucho más que el simple paso del tiempo. Estreñimiento, embarazo y parto, pasar muchas horas sentado, sedentarismo, sobrepeso, dieta pobre en fibra, beber poca agua... todo lo que aumente la presión en la zona juega en contra. También hay quien tiene predisposición genética, que le viene un poco de familia.
La parte buena es que la prevención es de andar por casa: fibra a diario (fruta, verdura, legumbres), agua suficiente, no instalarse media hora en el baño, no hacer fuerza de más, moverse y no aguantarse las ganas. Suena a consejo de abuela, pero es lo que de verdad reduce el riesgo de que aparezcan y de que vuelvan.
Y no, no todas acaban en quirófano. La mayoría se controlan con cambios de hábitos o tratamientos poco invasivos; la cirugía es la última opción, no la primera. Se plantea cuando las medidas básicas y los tratamientos tópicos no bastan, cuando las hemorroides son grandes, sangran de forma repetida o molestan demasiado. Antes de eso hay técnicas ambulatorias y procedimientos mínimamente invasivos, incluido el láser, con menos dolor postoperatorio y una recuperación más rápida.
Así que ya sabes: llevas hemorroides de serie, como todo el mundo, y casi siempre se quedan tranquilas en su sitio. Lo único que no puedes permitirte es hacer la vista gorda con un sangrado.
🧠 Para soltarlo en la cena
Todos tenemos hemorroides; solo son un problema cuando se inflaman.




