2La leche, el pan y los huevos al fondo
Leche, pan y huevos tienen algo en común que los convierte en el motor de todo el recorrido: son productos de compra recurrente, casi obligatoria. Nadie entra a un supermercado con la intención de salir sin ellos, y esa condición de básicos los transforma en lo que el sector denomina productos imán. Por eso la zona de lácteos, huevos y panadería ocupa la pared del fondo o el punto más alejado de la entrada, tanto en Mercadona, Carrefour o Alcampo como en el formato de descuento de Aldi y Lidl. Existe una razón logística real —las cámaras frigoríficas y los obradores necesitan estar junto a la trastienda y a los muelles de descarga—, pero el efecto comercial se explota al máximo: para llegar a lo que has venido a buscar hay que atravesar antes pasillos de refrescos, aperitivos, bodega o droguería. La OCU lo resume sin rodeos: los productos de uso diario rara vez están juntos y se reparten de modo que, al ir de uno a otro, te cruces con nuevas promociones.
A la distancia se suma la dispersión. Ni la leche está junto a los huevos ni el pan junto a la leche: el desayuno completo obliga a tres paradas en tres zonas distintas del establecimiento, y cada desvío añade metros y segundos de exposición. La BBC describe el fenómeno como una auténtica caza del huevo, porque cuanto más tiempo pasas dentro y más pasillos recorres, más probable es que algo no previsto acabe en el carrito. Los extremos de góndola funcionan como remate: están pensados para captar la mirada desde lejos y, según los datos que maneja la cadena británica, un comprador es un 30% más propenso a coger un producto expuesto en la cabecera de pasillo que uno situado en el centro. De ahí que salir con un 20% más de lo anotado no sea un fallo de voluntad, sino el precio de haber recorrido el laberinto entero. La OCU calcula que comprar con una lista cerrada recorta hasta un 30% el gasto mensual.
