Parfois lanza su liquidación de punto más agresiva del otoño: hasta el 70% en jacquard

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Qué es el jacquard y por qué encarece una prenda de punto

Foto en primer plano detallada de un patrón de punto gris texturizado que muestra la artesanía.

El jacquard no es un tipo de hilo ni un acabado, sino una forma de construir el tejido. Debe su nombre a Joseph Marie Jacquard, el inventor francés que en 1801 presentó un mecanismo de tarjetas perforadas capaz de levantar cada hilo de urdimbre de manera independiente para reproducir dibujos complejos, un sistema de fichas que se considera uno de los antecedentes remotos de la informática. Trasladado al punto, el término designa las prendas en las que el motivo —geometrías, cenefas, fair isle, logotipos repetidos— se teje con dos o más colores a lo largo de la misma pasada. El color que no aparece en la cara de la prenda viaja por el revés, de ahí esos hilos que quedan sueltos por dentro. Su gran ventaja para quien compra es que el dibujo forma parte de la estructura del tejido, no se estampa ni se borda encima, de modo que no se agrieta ni pierde definición con los lavados.

Esa integración tiene un coste. Trabajar varios colores en la misma fila obliga a más hilos en juego, más densidad y más gramaje, así que cada prenda consume más materia prima que un punto liso equivalente. A eso se suma la conversión del dibujo en un programa que indica a cada aguja cuándo debe tejer: cuantos más colores conviven en una pasada —en punto lo habitual es limitarse a dos o tres—, más lento y caro resulta el proceso. En el denim, un sector donde la técnica está bien documentada, el jacquard se paga entre un 30% y un 100% más que un tejido estándar por la lentitud de las máquinas y la programación previa, y en punto ese sobreprecio se traduce en plazos más largos y tiradas mínimas más altas. Es lo que convierte el jacquard en una de las partidas más elaboradas de una colección y lo que hace especialmente agresivo un descuento de hasta el 70% sobre estas prendas.

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