5 avances en la lucha contra el envejecimiento tras el último descubrimiento del CSIC

El último hallazgo del CSIC ha vuelto a situar el envejecimiento en el centro de la biomedicina. Un equipo del Instituto de Investigaciones Biomédicas Alberto Sols, junto al Instituto Karolinska de Estocolmo, ha identificado una nueva diana para reparar el ADN de las células envejecidas. No se trata de buscar una fuente de juventud, sino de comprender los mecanismos moleculares del declive para intervenir con precisión. La colaboración internacional refuerza el peso de la investigación pública española. Las implicaciones van más allá del laboratorio.

La lista que sigue reúne cinco frentes de investigación que transforman la lucha contra el envejecimiento: la reparación del ADN, los fármacos senolíticos que eliminan células 'zombis', la reutilización de metformina o rapamicina, el reloj epigenético para medir la edad biológica y la reprogramación celular. El criterio para seleccionarlos ha sido su grado de madurez: algunos ya se prueban en humanos, otros aún están en fase experimental, pero todos cuentan con respaldo científico publicado y verificable.

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Reprogramación celular: la vía para borrar las marcas de la edad sin cambiar el genoma

La reprogramación celular nació de un hallazgo que tumbó un dogma: en 2006, Shinya Yamanaka demostró que cuatro factores (Oct4, Sox2, Klf4 y c-Myc) podían devolver células diferenciadas a un estado embrionario. Para el envejecimiento, el paso decisivo fue comprobar que basta una expresión transitoria de esos factores para rejuvenecer sin llegar a ese estado. Esa reprogramación parcial no toca la secuencia del ADN: resetea las marcas epigenéticas, la metilación que se acumula con la edad y que los relojes epigenéticos usan para medir la edad biológica. El CSIC estuvo en hitos tempranos: en 2020, los equipos de Jesús Ávila y Manuel Serrano revirtieron in vivo marcadores de envejecimiento del hipocampo en ratones de 10 meses hasta niveles de un ejemplar de 6 meses, con mejor memoria (Stem Cell Reports). En 2022, un trabajo con participación del CINN-CSIC de Oviedo mostró que un único ciclo transitorio revertía la metilación asociada a la edad en páncreas, hígado, bazo y sangre de ratones envejecidos de forma natural.

El último gran salto de esta vía llegó en 2025, cuando el grupo de Alejandro Ocampo demostró que la reprogramación puede lograrse sin factores genéticos, con cócteles de moléculas pequeñas (EMBO Molecular Medicine). En células humanas envejecidas, esa reprogramación química parcial mejoró dos motores del envejecimiento, la inestabilidad genómica y las alteraciones epigenéticas, y una combinación optimizada de dos moléculas extendió la esperanza de vida y el periodo de salud en el gusano C. elegans. Que se consiga con fármacos y no con vectores virales que introducen genes cambia el horizonte clínico: la vía deja de ser una herramienta de laboratorio para convertirse en una terapia administrable. Y lo hace sin editar el genoma: el rejuvenecimiento se explica porque las marcas de la edad se borran y se restauran patrones de metilación jóvenes, mientras la secuencia del ADN permanece intacta. Es la prueba más clara de que la edad está escrita en el epigenoma y de que puede reescribirse.

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