Atapuerca guarda uno de los mayores misterios de la prehistoria europea y no es un hallazgo, sino una ausencia. En sus yacimientos, con más de 400.000 años de antigüedad y miles de fósiles humanos, no ha aparecido ni una sola prueba de fuego controlado. Y ahora, un hallazgo en Inglaterra explica por qué eso podría no ser una casualidad.
Un equipo liderado por el Museo Británico ha confirmado en Barnham, al sureste de Reino Unido, que los homínidos de esa zona ya sabían encender hogueras de forma repetida y deliberada hace unos 400.000 años. No es un descubrimiento menor: cambia lo que sabíamos sobre cuándo y dónde nuestros ancestros dejaron de depender del azar para tener fuego.
Atapuerca, el gran ausente del fuego prehistórico
Los investigadores llevan décadas excavando en la Sierra de Atapuerca sin encontrar el hallazgo que sí ha aparecido en Barnham. Ni en la Sima de los Huesos, ni en Gran Dolina, ni en Galería hay evidencias claras de hogares estructurados en esa franja temporal, pese a que estos yacimientos han entregado más fósiles humanos que ningún otro lugar del planeta.
Esa ausencia empieza a tener sentido con los datos de Barnham. Los científicos creen que el dominio sistemático del fuego no se originó de forma simultánea en toda Europa, sino que fue una tecnología que se extendió de manera irregular, dependiendo de cada grupo humano y de su entorno.
Lo que demuestra el hallazgo de Barnham
En Atapuerca la campaña de excavación de este mismo año ha vuelto a confirmar la ausencia de fuego en niveles de hace 300.000 años, mientras la domesticación del fuego por parte de otros grupos humanos europeos queda ahora fechada con precisión gracias a la piroarqueología aplicada en Reino Unido.
El equipo utilizó técnicas como el arqueomagnetismo y la micromorfología para descartar que se tratara de incendios naturales. Los sedimentos analizados habían alcanzado hasta 750 grados y mostraban patrones de combustión repetida, no un incidente aislado. Además, apareció pirita de hierro, un mineral capaz de generar chispas que no es habitual en esa zona de Inglaterra, lo que refuerza la idea de un transporte intencionado del material.
Los primos ingleses de los neandertales de Burgos
Lo más llamativo del hallazgo es su parentesco directo con lo que ya sabíamos de España. Los restos hallados en Barnham pertenecen a neandertales tempranos, con una fisonomía muy similar a la de los individuos de la Sima de los Huesos, en Burgos, que vivieron hace unos 430.000 años.
Los responsables de la investigación creen que el dominio del fuego probablemente no nació en las islas británicas, sino que llegó desde el continente europeo tras una glaciación que, hace unos 450.000 años, acabó con la población que ocupaba entonces esa región. El puente de tierra que unía Gran Bretaña con Europa permitió que nuevos grupos neandertales repoblaran la zona con esta tecnología ya asimilada.
Por qué esta ausencia no resta valor a Atapuerca
Que Atapuerca no tenga fuego en esos niveles no es una debilidad del yacimiento, sino un dato científico igual de valioso. La Sierra de Burgos sigue siendo la mayor acumulación de fósiles humanos del Pleistoceno medio del planeta, y este año la campaña de excavación ha vuelto a sumar hallazgos relevantes en otros frentes.
Entre los datos más destacados de esta temporada están nuevos fósiles adultos de Homo antecessor en Gran Dolina, algo poco habitual hasta ahora, y evidencias de canibalismo que abren nuevas preguntas sobre el comportamiento de estos grupos. Estos son los avances que sí sitúan a Atapuerca en el centro del debate científico actual:
- Gran Dolina (TD-6): aparición de restos adultos de Homo antecessor, un hallazgo excepcional en una colección dominada por individuos jóvenes.
- Galería: confirmación de un nivel de hace 300.000 años usado de forma recurrente como zona de procesado de carne.
- Cueva Fantasma: ocupación neandertal intermitente, compartida en el tiempo con hienas.
- Sima del Elefante: los niveles más antiguos del yacimiento, con más de 1,2 millones de años.
Lo que queda por descubrir en los próximos años
El caso de Barnham demuestra que la historia del fuego en la prehistoria europea todavía está lejos de estar cerrada. Cada campaña de excavación puede reescribir lo que dábamos por sentado, y eso incluye la posibilidad de que Atapuerca sorprenda en el futuro con hallazgos que hoy no imaginamos.
Los expertos coinciden en un consejo práctico para quien siga esta clase de noticias: desconfiar de los titulares que dan por cerrado un debate científico. La piroarqueología, la disciplina que ha permitido confirmar el hallazgo inglés, sigue perfeccionando sus técnicas, y es previsible que en los próximos años ofrezca respuestas más precisas también sobre lo que ocurrió, o no ocurrió, en las cuevas de Burgos.




