Si pensabas que TikTok era solo para adolescentes bailando, espera a conocer a Loly y Rosa. Con 84 y 71 años, estas dos canarias están demostrando que el algoritmo de Instagram y TikTok se rinde ante la veteranía. Y no es un caso aislado: detrás hay un proyecto público que ha formado a 200 mayores en el arte de ser influencers.
De teletipos a TikTok: así han llegado los 'influseniors'
Loly González trabajó durante décadas como mecanógrafa y taquígrafa frente a un teletipo, esa máquina que ella define como 'un WhatsApp de los de antes'. Ahora, con 84, no solo escribe cinco libros (uno en braille) o hace de guía en un museo; también graba vídeos de los paisajes de Anaga para que gente de medio planeta descubra rincones que ni imaginaba. 'Es como abrir una ventana para ver amanecer', cuenta.
Rosa Blanco, de 71, era de las que se asustaban con una cámara. Hoy, después de pasar por el proyecto Influsenior, edita sus entrenamientos de Al Golpito, el fútbol caminando que practica, y presume ante sus nietos: 'Buscadme en redes'. Vive sola la mayor parte del año y antes, cuando contaba que jugaba al fútbol, su familia se llevaba las manos a la cabeza. Ahora les manda el enlace directo a su perfil de Instagram.
Cómo 200 mayores canarios están reventando el algoritmo
El Plan Maresía de la Dirección General de Mayores y Participación Activa de Canarias ha reunido a 200 personas de los siete centros de día del archipiélago para formarlas en redes sociales. La excusa oficial es combatir la soledad no deseada; la realidad es que la veteranía se ha convertido en el contenido más fresco del feed. Han aprendido a encuadrar, a iluminar con aros de luz, a identificar llamadas spam y, sobre todo, a perder el miedo a hablarle a una cámara.
Rosa Blanco lo resume sin filtro: 'Lo que no se conoce da miedo, pero luego parece todo tan sencillo que dices: pero por Dios, ¿cómo pensaba antes que esto era tan difícil?'. La formación incluye desde la edición de vídeo hasta la participación en chats en directo, y y de golpe los mayores se convierten en creadores de contenido que conectan con miles de personas.
En internet, la edad no es un límite; es un superpoder.
Loly González, con 84 años, cinco libros publicados y décadas de voluntariado, ve la tecnología como el 'broche de oro' de una vida de aprendizaje. Incluso recuerda con orgullo cuando enseñó informática a jóvenes que estaban a punto de salir de prisión. Para ella, TikTok no es un capricho generacional: es una nueva forma de sentirse útil.
Por qué la edad no es un 'bug', es una 'feature'
No es la primera vez que los mayores pisan fuerte en redes. Proyectos como Grandfluencers en Estados Unidos o el fenómeno de la abuela Gamer en España ya mostraron que el público joven valora la autenticidad por encima de los filtros. Pero lo de Canarias tiene una pata institucional que lo hace distinto: aquí no hablamos de casos aislados, sino de una red de 200 personas que está rompiendo el algoritmo a base de experiencia y verdad.
Mi opinión: más allá del encanto de ver a alguien de 84 años usando TikTok, lo potente es que este proyecto desmonta el mito de que la tecnología es territorio joven. Loly y Rosa no están haciendo el ridículo; están enseñando que la curiosidad no caduca y que el engagement no entiende de carnés de identidad. Y si las cifras acompañan, habrá que tomarlos en serio como prescriptores.
Aunque aún falta ver si estos influseniors agarran el ritmo de las marcas y los patrocinios, la lección ya está clara: el próximo viral puede salir de un centro de día con más horas de vida que de doomscrolling.
📱 El TL;DR (Too Long; Didn't Read)
- 👤 De quién hablamos: Loly González (84) y Rosa Blanco (71), dos canarias formadas por el proyecto Influsenior.
- 📲 En qué red social ha pasado: Instagram y TikTok, principalmente.
- 🔥 Por qué es viral: 200 mayores demuestran que la veteranía rompe el algoritmo con contenido auténtico y sin postureo.



