Desde el primer día, Lux de Rosalía ha dado de qué hablar. El disco de la catalana es un trabajo pop, pero es pop como lo han entendido Björk o Kate Bush: como un punto de entrada para explorar ideas y sonidos arriesgados, pero sin olvidar al público. Nunca ha sido tan inaccesible como aparentaba, pero tampoco tan desechable como lo han querido mostrar algunos críticos, incómodos con su carga religiosa.
Pero la puesta en escena de Lux Tour es, si se puede, todavía más grandilocuente. Desde la pequeña orquesta en el centro del Movistar Arena de Madrid, pasando por las coreografías que juegan con la ópera y el ballet, saludos a Timothée Chalamet o el uso de "Angel" de Jimi Hendrix para la entrada al escenario de sus músicos; todo el concierto está diseñado para conectar la alta cultura y el pop, lo terrestre y lo divino, la música urbana y la de cámara.

Al principio parece que el concierto será únicamente con temas de Lux, y podría haber funcionado. La artista interpreta corridas las canciones desde "Sexo, violencia y llantas" hasta "Divinize", ataviada con el "tutú", solo saliendo del orden para interpretar un fragmento de "Thank You" de Dido. Empieza a desviarse por fin, tras un sentido saludo a Madrid, con la demostración vocal de "Mio Cristo piange diamanti", una de las pruebas de que se trata, con diferencia, de la mejor voz de la música popular en la actualidad, y no solo en España.
BUSCAR A DIOS EN LA PISTA DE BAILE
Tras un breve cambio de vestuario, Rosalía vuelve a escena en modo "incendiar la pista". La versión electrónica de "Berghain" está cada día más cercana a la banda sonora de Clímax de Gaspar Noé. Después procede a interpretar una seguidilla de éxitos de la etapa Motomami, con "Saoko", "La fama" o "La combi Versace", para poner al público a bailar.
El concierto gira entre estas dos eras, dejando fuera las canciones de El mal querer. El resultado termina siendo un paseo entre la tierra, con sus discos, y el cielo; incluso el momento más sacro del concierto, la interpretación de "El Redentor", está acompañada de unas guitarras eléctricas que la acercan al rock. Es pop entendido como arte barroco, con influencias diversas dejando pinceladas en el concierto, desde las citas de la Biblia a samples de Daddy Yankee, pasando por reversiones de Frankie Valli. Es un show que promete entender el pop de forma distinta y que eleva el listón de los conciertos de arenas en España.
Lo cierto es que ese juego entre el baile y lo divino brilla sobre todo en la dupla entre "Cuuuuute" y "Bizcochito", donde Rosalía convirtió el Movistar Arena en una iglesia ravera con todo y su botafumeiro como la catedral de Santiago de Compostela. Finalmente, volvió a jugar con las influencias latinas con la ya clásica "Despechá" y se dejó llevar por el juego electrónico de "Novia robot".
EL FLAMENCO Y LA RUMBA SIGUEN ALLÍ
No todo ha sido lo religioso; por fortuna, las palmas y las cajas flamencas hacen acto de presencia. Allí están las dos interpretaciones brillantes junto a su orquesta y su coro —que incluye a una finalista del Benidorm Fest como La Chispa— de dos de las piezas clave del disco: "Dios es un stalker" y "La rumba del perdón". Son recordatorios del sonido que la construyó y que sigue sentando las bases de toda su carrera.
LA VOZ DE ROSALÍA
Es necesario dejar un apartado para la voz de Rosalía. Sí, las coreografías, la puesta en escena, la orquesta... todo son piezas clave del concierto, pero la realidad es que todo gira en base a la capacidad vocal de la cantautora y su facilidad para jugar entre el rap, la ópera, el flamenco y lo que le pidan. Hay canciones durante el concierto en las que se hace evidente este rango vocal, como "La yugular", "La perla" o el cierre con "Magnolias".
Es la mejor voz del pop actual, con el perdón de Adele, y es una pequeña bendición tenerla. Que además en cada proyecto decida experimentar con ella y llevarla a los extremos es ya un lujo absoluto. De momento, empieza a perfilarse como la estrella clave del pop español para el siglo XXI, y el Lux Tour no solo es un triunfo, sino otro motivo para desear su próximo proyecto.




