La Selección Española cerró su última prueba antes del Mundial 2026 con una sensación agridulce que va mucho más allá del marcador. Lo que debía ser una fiesta del fútbol en Cornellà para despedir al equipo de Luis de la Fuente se vio empañado por comportamientos en la grada que obligan a una reflexión profunda. El respeto al rival es la base de este deporte, y tanto la pitada inicial al himno de Egipto como los posteriores cánticos contra algunos jugadores visitantes rompieron el clima de deportividad que se esperaba en una cita de este calibre.
En el césped, el experimento del seleccionador no dio los frutos esperados en la primera mitad. De la Fuente apostó por dar la titularidad a los jugadores menos habituales, manteniendo únicamente a Lamine Yamal respecto al bloque principal. Esta decisión derivó en un juego lento, falto de ritmo y con dificultades para superar la organización defensiva de Egipto. El conjunto africano, que ostenta siete títulos continentales, no se tomó el encuentro como un simple trámite y aprovechó la falta de fluidez española para incomodar de forma constante.
La irrupción de Fermín cambia el guion
Tras el descanso, la entrada de Rodri y Pedri aportó el orden necesario en el centro del campo, pero fue Fermín López quien realmente transformó la cara del equipo. El jugador onubense demostró por qué se ha convertido en un fijo en las convocatorias.
Su fútbol es energía pura; es un futbolista vertical que busca siempre la portería contraria y que contagia agresividad al resto de sus compañeros. Con su presencia, España recuperó la profundidad y empezó a generar peligro real en el área egipcia.
La actuación de Fermín en estos minutos finales le sitúa con ventaja para pelear por un puesto en el once inicial del Mundial. Mientras el estadio reaccionaba de forma ejemplar aplaudiendo el debut de Joan Garcia, el canterano del Barça seguía percutiendo por banda y por el centro, siendo el único capaz de romper la monotonía de un partido que se había complicado por momentos. Su capacidad para aparecer en zonas de remate y su movilidad constante fueron las mejores noticias de una noche donde el fútbol espeso dominó gran parte del tiempo.

El recuerdo de 2006 y el dominio de las categorías inferiores
Este enfrentamiento contra Egipto invita a mirar atrás, concretamente a hace veinte años. En junio de 2006, España también se midió al equipo africano antes de una cita mundialista. En aquella ocasión, figuras como Raúl y José Antonio Reyes firmaron la victoria en Elche, en un equipo donde ya empezaban a asomar nombres como Xavi Hernández o Xabi Alonso. Aquel partido fue la semilla de la generación más exitosa de nuestra historia, y el deseo del cuerpo técnico actual es que el espíritu de entrega mostrado por jugadores como Fermín sea el inicio de algo similar.
A pesar de las dudas generadas en este amistoso, el panorama general del fútbol nacional invita al optimismo. Mientras los mayores ajustan piezas para el Mundial, las categorías inferiores siguen demostrando una salud envidiable. La Sub-18 venció con solvencia a Bulgaria, la Sub-19 certificó su pase al Europeo tras derrotar a Holanda y la Sub-21 de David Gordo se impuso a Kosovo con una actuación destacada de Gonzalo. Estos resultados confirman que la base del equipo nacional tiene relevo garantizado y que el modelo de juego está asentado en todos los niveles.
España llegará a la gran cita del verano como una de las favoritas, pero lo ocurrido en Cornellà sirve de aviso: en el fútbol actual no se gana con el escudo ni por inercia. Es necesario recuperar la contundencia y, sobre todo, mantener el comportamiento ejemplar que siempre ha caracterizado a esta afición. La alegría que transmite Fermín en cada balón que toca debe ser el motor de un equipo que tiene talento de sobra, pero que necesita máxima concentración para no verse sorprendido por rivales que, como Egipto, no regalan nada.
- Más información: La energía de Fermín, el recurso inagotable del Barça de Flick.



