Comercio, especialmente los pequeños y por supuestos, la hostelería, los sectores más afectados. ¿Te has fijado en cuántos carteles de “se traspasa” o “se vende” han aparecido en tu barrio en los últimos meses? ¿Te preocupa que el bar de siempre o la tienda de toda la vida no encuentren a nadie que siga con el negocio cuando el dueño se jubile? No es una sensación aislada. Los datos empiezan a dibujar un problema estructural que va más allá de un mal año.
Mientras el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) cerró 2025 con 3.419.210 afiliados (la mejor cifra de los últimos seis años), el comercio perdió 13.586 negocios en solo doce meses. Y detrás de esas cifras hay algo más profundo, una oleada de retiros que amenaza directamente a sectores como el comercio y la hostelería.
Una generación que se jubila… y nadie al relevo

Según datos de UPTA, casi 600.000 autónomos alcanzarán la edad de jubilación en los próximos cinco años. Más de 564.000 ya superan los 60 años y más de 150.000 tienen 66 o más. Es decir, uno de cada seis trabajadores por cuenta propia está a las puertas del retiro antes de 2030.
El problema no es solo demográfico. Es empresarial. Muchos de esos autónomos están al frente de pequeños comercios, bares, talleres o negocios familiares que no tienen continuidad. En conversaciones con comerciantes, la frase se repite, “Mis hijos no quieren seguir con esto”. Las jornadas interminables, la presión fiscal y la incertidumbre han hecho que el autoempleo pierda atractivo entre los jóvenes. El resultado es un vacío generacional que no se está cubriendo.
Comercio y hostelería: los más expuestos

El sector del comercio es el que más está sufriendo. En 2025 cerraron de media 1.132 pequeños negocios al mes. Solo en diciembre se perdieron 2.347 afiliados en el comercio, un dato peor que el del mismo mes del año anterior. La hostelería tampoco escapa, perdió 1.215 activos en el último mes del año, en un contexto de costes disparados y márgenes cada vez más ajustados.
Desde UPTA hablan ya de “emergencia estructural”. Y no es una exageración retórica. En muchos pueblos, el cierre de una tienda o de un bar no es solo una baja en el RETA: es la desaparición del único punto de encuentro y de servicios básicos. En redes sociales, vecinos de municipios pequeños lamentan que cada jubilación sea casi una sentencia de cierre. El impacto no se mide solo en afiliaciones, sino en vida comunitaria.
Más afiliados, pero más precariedad

La paradoja es evidente. El número total de autónomos crece, pero el pequeño comercio se hunde. El presidente de UPTA, Eduardo Abad, lo ha resumido con claridad, el reto no es solo aumentar afiliaciones, sino garantizar autónomos “de calidad”, capaces de generar ingresos suficientes para vivir con dignidad.
Cerca de medio millón de autónomos ingresan menos de 700 euros al mes. La pensión media del colectivo es un 40% inferior a la de los asalariados. Y el nuevo sistema de cotización por ingresos reales ha generado incertidumbre en muchos pequeños negocios. Los economistas advierten de que esta brecha reduce el atractivo del autoempleo, especialmente entre los menores de 30 años, cuyo número ha caído un 25% en la última década.
Si a esto se suma la competencia de grandes plataformas, el aumento de costes energéticos y la falta de relevo, el cóctel es preocupante. No se trata solo de un ajuste natural del mercado. Es un cambio de modelo que puede vaciar barrios y acentuar la despoblación rural.
El comercio y la hostelería no son sectores residuales. Representan empleo, recaudación y cohesión social. Cuando cierra una panadería o un bar, no solo desaparece una actividad económica: se pierde un punto de referencia, un espacio de relación y, en muchos casos, el último servicio cercano.
La gran pregunta es si estamos a tiempo de revertir la tendencia. Las asociaciones piden un pacto de Estado que aborde relevo generacional, fiscalidad y protección social. Mientras tanto, cada jubilación sin sucesor suma una persiana bajada más. Quizá dentro de unos años miremos atrás y entendamos que el verdadero riesgo no era solo el número de afiliados al RETA, sino la calidad y continuidad de esos negocios.

