La muerte de la princesa Irene de Grecia, a los 83 años, representa mucho más que la partida de un miembro de la realeza. Es el final de una vida entera dedicada al apoyo discreto, un pilar emocional silencioso que ahora deja un vacío profundo en el corazón de la reina Sofía y en el núcleo familiar del rey Felipe VI. Su figura, siempre alejada de los focos, fue sin embargo esencial en la trastienda de la monarquía española durante décadas.
Todo se supo de manera oficial, a través del canal habitual de la Casa de S.M el Rey. Ha sido la misma Casa Real española quien emitió un comunicado la mañana de ayer para informar del fallecimiento. El parte oficial señalaba: “Sus majestades los Reyes y su majestad la reina Sofía lamentan comunicar el fallecimiento de su alteza real la princesa Irene de Grecia a las 11:40 horas en el Palacio de la Zarzuela de Madrid”.
Este comunicado confirma que la princesa falleció en la residencia oficial, en el entorno familiar que fue su hogar durante gran parte de su vida. La noticia llegó mientras el rey Felipe VI se encontraba en el Palacio Real de El Pardo celebrando audiencias, teniendo que asumir la pérdida en medio de sus compromisos oficiales.
Irene de Grecia fue la hermana menor y la compañera indispensable de la reina Sofía

La princesa Irene de Grecia no era solo una hermana; era su compañera de vida, su confidente y su apoyo más constante. Nacida en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 11 de mayo de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, Irene compartió con Sofía una historia marcada por el exilio de la Familia Real griega y una vida desarrollada lejos de su país natal.
Irene de Grecia residió durante años en el propio Palacio de la Zarzuela, convirtiéndose en lo que las fuentes cercanas describen como “una figura inseparable de Sofía”. Su papel nunca fue institucional ni protocolario. No tenía cargos oficiales ni buscaba apariciones públicas. Su función fue otra, mucho más humana y profunda: ser un “apoyo emocional constante”. Este apoyo se hizo especialmente crucial en los últimos años, cuando los problemas de salud de Irene se agravaron y, a la inversa, en los momentos personales delicados que ha atravesado la propia reina emérita.
Un golpe personal para el rey Felipe y el peso de una generación

La muerte de Irene de Grecia resuena con fuerza en el rey Felipe VI. Para el monarca, Irene no era solo la tía discreta; era una presencia familiar constante desde su infancia. Formó parte del paisaje cotidiano de su juventud en Zarzuela, una figura cercana y familiar más que una figura pública. Pero además, simboliza algo más amplio. Con Irene, se cierra un poco más el capítulo de una generación histórica de la realeza europea que tuvo un papel tangencial pero relevante en la España de la Transición y la consolidación monárquica.
Era la hermana de la reina, un vínculo vivo con la casa real griega y con una época donde los lazos familiares entre casas reales eran el sustento de la institución. Su discreción, reiteradamente destacada por la Casa Real, era también una elección de vida que reflejaba un concepto de servicio desde la retaguardia. El impacto se observa en el tono del comunicado, centrado en el “ámbito familiar” y en el “recuerdo de su figura como apoyo esencial”, evitando cualquier grandilocuencia.
¿Quién era Irene de Grecia más allá de ser la hermana de la reina?

La información pinta a una mujer que “renunció a una vida pública propia para acompañar a Sofía”. Esta decisión define su biografía. Fue la hija pequeña de los reyes Pablo y Federica de Grecia, hermana también del fallecido rey Constantino. Aunque su nombre rara vez acaparaba titulares, no fue una vida ociosa.
Dedicó gran parte de su tiempo a causas sociales, principalmente desde la Fundación Mundo en Armonía, que presidió desde 1986 hasta 2024. España le concedió la nacionalidad por carta de naturaleza, por su especial vinculación con el país. Su presencia era habitual en actos privados de la familia, pero siempre huyendo del protagonismo.
Ahora, tras su muerte, se inician los preparativos para la despedida. La Casa Real ha anunciado que informará de las ceremonias que se organicen para su velatorio en España y el posterior traslado del féretro a Grecia para su entierro en el cementerio de Tatoi. El retorno a Tatoi, el cementerio real griego, cierra el círculo de una vida que comenzó en el exilio sudafricano. Este fallecimiento se une a otra pérdida sufrida por la reina Sofía en los últimos días, la de la princesa Tatiana Radziwill. La reina emérita acumula así golpes en su círculo más íntimo.







