Alejandro Davidovich Fokina (Rincón de la Victoria, Málaga, 1999), se ha convertido en una de las amenazas más serias del circuito profesional. Tras cerrar un 2025 de ensueño, el malagueño arranca este 2026 instalado en el número 14 del ranking ATP, su mejor marca histórica.
Con un tenis creativo y una madurez física inédita, el 'Foki' ya no solo sueña con el Top 10, sino que tiene las estadísticas y el calendario a su favor para alcanzar la élite absoluta en los próximos meses.
De padres rusos pero criado en el sur de España, su tenis rompe con el molde clásico del jugador de tierra batida. Aunque se siente cómodo en la arcilla, su victoria en Wimbledon junior en 2017 ya avisó de que estábamos ante un jugador capaz de brillar en superficies rápidas gracias a un arsenal de golpes ofensivos y una agilidad felina.
Sin embargo, el camino hacia la cima no ha sido el más sencillo. Hasta 2024, su carrera estuvo marcada por destellos de genialidad -como su final en Montecarlo 2022- seguidos de desconexiones mentales o problemas físicos. Pero algo cambió en 2025. Dejó atrás la irregularidad, y canalizó su carácter explosivo en una alta agresividad que ha puesto en jaque a los mejores del mundo.
2025, EL AÑO DE LA METAMORFOSIS DE DAVIDOVICH
La temporada pasada fue el trampolín definitivo. Davidovich comenzó fuera del top 60 y terminó rozando el top 10 tras sumar 41 victorias. Lo más relevante de su 2025 no fueron solo los triunfos, sino la calidad de los mismos, igualando en victorias ante rivales 'top 20' a figuras de la talla de Carlos Alcaraz o Jannik Sinner.
Su paso por el ATP 500 de Basilea, donde alcanzó la final bajo techo, demostró que es un jugador total. Ya no es peligroso, más bien temible. Su efectividad en el servicio (72% de primeros) y su agresividad al resto (38% de breaks convertidos) le han permitido competir de tú a tú en escenarios donde antes sufría, como las pistas indoor o la hierba de Wimbledon.
LA RUTA HACIA EL TOP 8 DE DAVIDOVICH EN 2026
Con 3.200 puntos en su casillero al inicio de este año, las matemáticas del tenis son optimistas para el español. El análisis de su calendario sugiere que tiene margen de mejora en puntos clave. Su gran reto inmediato es la gira de tierra batida europea. Si logra transformar sus semifinales de Montecarlo en una final y mejora sus resultados en Madrid y Roma, podría sumar más de 1.000 puntos antes de llegar a Roland Garros.

En los Grand Slams, la madurez de Alejandro Davidovich apunta a los cuartos de final como el objetivo mínimo. Su historial en pista dura le avala para el Abierto de Australia, mientras que su hábitat natural en la arcilla de París le coloca como uno de los favoritos para llegar a las rondas finales. Si mantiene la efectividad del 65% de victorias mostrada el año pasado, superar la barrera de los 4.500 puntos es un escenario más que realista.
El éxito de Davidovich en 2026 no dependerá solo de su drive o de sus icónicas dejadas. La clave reside en su capacidad para gestionar la presión de ser, junto a Alcaraz, el gran referente del tenis nacional en ausencia de Nadal. Su equipo técnico ha trabajado en la gestión de esfuerzos y en una preparación física que le permita aguantar batallas a cinco sets en los Grand Slams sin que su cuerpo pase factura.
Estamos ante un jugador que ha aprendido a ganar por oficio en los días donde el talento no fluye. Si 2025 fue el año de la explosión, 2026 está diseñado para ser el año en el que Alejandro Davidovich deje de ser una alternativa para convertirse en un fijo de las grandes quinielas del circuito ATP.






