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Callos en los pies, ¿qué son? Origen, tipos de callos y cómo tratarlos

Probablemente todo el mundo ha tenido callos en los pies o en las manos al menos una vez en su vida. Aunque es un problema relativamente sencillo, puede ser muy incómodo. El problema tampoco es estéticamente interesante.

Un callo, o callos, es un exceso de una capa de piel dura y gruesa que aparece como resultado de la fricción constante. La mayoría de las veces, los callos en los pies aparecen debido al uso de zapatos muy apretados e incómodos. En las manos, puede ser el resultado de la fricción con las herramientas de trabajo, por ejemplo.

El mejor tratamiento para los callos es la prevención, es decir, eliminar la causa del problema. Para evitar los callos en los pies, lo ideal es cambiar de calzado por opciones más cómodas. En las manos, el uso de guantes puede resolver el problema. Además, existen otras medidas naturales que pueden acabar con los callos.

Por lo tanto, hoy vamos a entender todo acerca de los callos, y cómo tratar este problema en casa. ¡Vamos!

Cómo aparecen los callos

Los callos surgen por el aumento de la producción de queratina, una proteína que recubre la capa superior de la piel. Este aumento de la queratina se produce debido a la fricción repetitiva en una determinada parte del cuerpo, lo que da lugar a la formación de una capa de piel más gruesa y rígida.

Los callos, como también se les conoce, pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, pero son más comunes en las manos y los pies.

El uso de zapatos que aprietan los pies y los dedos es una de las principales causas de los callos. En las manos, el hábito de tocar instrumentos, realizar actividades físicas sin guantes o trabajar con piezas y herramientas muy pesadas sin protección, aumentan las posibilidades de tener callos.

Tipos de callos

Callo digital

Este es el tipo más común de callo, y está directamente relacionado con el uso de zapatos cerrados y con las deformidades articulares que se producen en los dedos de los pies. Por lo tanto, el dedo afectado por este tipo de callo puede presentar curvaturas. Se producen principalmente en los cuatro dedos más pequeños. En este caso, el tratamiento se lleva a cabo mediante el cambio del tipo de calzado, el uso de protectores para los dedos del pie e incluso el uso de medicamentos.

Callo interdigital

El callo interdigital se caracteriza por ser una hiperqueratosis (exceso de queratina), que se produce por el contacto y la compresión de la piel entre dos dedos del pie. Generalmente, esto es causado por el uso constante de zapatos que aprietan los pies lateralmente, como los zapatos con un pico fino, por ejemplo.

Por ello, el mejor tratamiento es cambiar el zapato por uno que ofrezca un buen acomodo para los dedos, y también utilizar protectores o retractores interdigitales.

Callo intertriginoso

Por último, existe el callo intertriginoso, que se debe a la fricción entre los lados y los pliegues de la piel, lo que provoca la maceración y la apertura del tejido. En este caso, el hongo puede provocar una infección, agravando aún más la lesión. El tratamiento en esta situación implica el uso de gasas o algodón entre los dedos con medicamentos. En los casos más graves, puede ser necesaria la cirugía para corregir el espacio abierto entre los dedos.

Tratamiento de los callos

El tratamiento de los callos consiste, en primer lugar, en retirar el callo de la piel y eliminar la causa de la irritación. De este modo, es posible erradicar el problema de una vez por todas, de lo contrario los callos pueden volver a aparecer.

Sabiendo que las callosidades en los pies, en la mayoría de los casos, son causadas por el uso de un calzado inadecuado, el primer paso es cambiar de zapatos. Lo ideal es llevar un calzado cómodo que no apriete los pies y los dedos. Una buena opción es llevar zapatillas de tenis, por ejemplo.

En las manos, los callos suelen estar causados por el uso de herramientas de trabajo.

En cuanto a la eliminación de los callos, se puede hacer fácilmente en casa, dependiendo de la gravedad del callo. Si se trata de un callo superficial, puedes remojar los pies en agua tibia con unas gotas de aceite esencial. Espere unos minutos hasta que la piel esté más suave, y luego haga una exfoliación suave.

A continuación, seca la zona y aplica una generosa capa de crema hidratante y masajea la zona hasta que la crema penetre completamente en la piel. Esto será suficiente, aunque, lo ideal es hacer este proceso regularmente, al menos dos veces al mes.

En el caso de callos más graves, puede ser necesario un tratamiento especializado. Por ello, lo mejor es acudir a un podólogo. Este profesional podrá ofrecer el diagnóstico y el tratamiento ideal para el tipo de callo.