Quantcast

El acusado del crimen de la Macarena, en Sevilla, dice que robó a la víctima pero niega «incendio o muerte»

La Audiencia de Sevilla ha celebrado este lunes la primera sesión del juicio con jurado popular promovido contra el hombre acusado de robar y asesinar supuestamente en julio de 2020 a una mujer de 54 años en una vivienda de la Macarena asfixiándola con una toalla, incendiando después la escena del crimen. El encartado, para el que la Fiscalía reclama un total de 30 años de cárcel, ha admitido que robó diversos efectos a la víctima mortal del crimen, pero ha negado cualquier «incendio o muerte».

Jorge A.G. ha comparecido ante el jurado popular y el tribunal relatando que por aquel entonces estaba en desempleo y carecía de recursos, contexto en el que la jornada del 20 de julio de 2020 hizo escala en un bar de la zona de la avenida de Kansas City y la estación de trenes de Santa Justa, donde habría dejado «fiada» la consumición.

En la avenida de Kansas City, según su relato, se encontró a «un coleguilla» que le habría entregado 50 euros, tratándose de una persona cuyos apellidos desconoce pero que reside en Triana.

Fue entonces, según Jorge A.G., cuando se sirvió de su teléfono móvil para acceder a una página web de servicios sexuales a través de la cual entró en contacto con la víctima del crimen, llamada Rosalía, acordando ambos mantener relaciones sexuales a las 18 horas de ese día en una vivienda de la Macarena que ella indicaría.

Según la Fiscalía fue poco antes de esa hora, sobre las 17,50 horas, cuando ya estando el acusado en la zona de la Macarena, la mujer facilitó al investigado el nombre de la calle de la vivienda, aunque no el número, que se lo remitió por WhatsApp a las 17,57 horas, es decir unos minutos antes de la hora fijada.

En ese sentido, el acusado ha narrado que la mujer «salió a la puerta» y le invitó a entrar en la vivienda. Mientras la Fiscalía considera que el acusado acudió a dicho encuentro «con el designio de enriquecerse apoderándose de cuantos efectos de valor pudieran hallarse en la vivienda en que fuera atendido, puesto que carecía de metálico para abonar el servicio sexual», Jorge A.G. ha alegado que contaba con los 50 euros que le había entregado el «coleguilla» con el que se había encontrado esa misma tarde y que no tenía «intención» alguna de robar a Rosalía.

El acusado ha explicado que entregó a Rosalía el billete de 50 euros y ella le habría devuelto diez euros, recibiendo él «un masaje» y practicando ambos «el acto sexual» con ella completamente desnuda y sin ningún «juego o juguete erótico». Se trató «del acto sexual simple y llanamente» y él quedó satisfecho por los servicios sexuales prestados por la víctima, según ha asegurado.

LA PROCEDENCIA DE LA TOALLA

A partir de ahí, mientras la Fiscalía le achaca una supuesta «asfixia mecánica» y mortal de la mujer mediante una toalla que ella misma le había facilitado para que se duchase, incendiando luego el colchón donde quedó el cadáver de la mujer y huyendo del piso con dos teléfonos móviles de ella y una cartera que contenía su documentación personal y su tarjeta de crédito; el acusado ha alegado que la toalla la portaba él en su propia «mochila» porque era de su hermana y ha admitido que se apropió de dos teléfonos móviles, un ordenador portátil y la cartera de la mujer, pero ha negado cualquier «incendio o muerte».

Según sus palabras, optó por robar los citados efectos porque los tenía «a mano» mientras ella estaba despistada, auque sin llegar a registrar nada. Una vez con los móviles, el ordenador portátil y la cartera, según su narración, abandonó la vivienda sin percatarse si la puerta de la misma quedaba abierta o cerrada. «Había robado los móviles y el ordenador y quería irme», ha dicho, admitiendo su intención de «vender el ordenador» para cosechar ingresos y que hizo un uso «fraudulento» de la tarjeta para diversos gastos, hasta ser detenido por la Policía Nacional.

Al punto, ha defendido que ha colaborado en todo momento con la Policía, si bien ha reconocido que cuando los agentes le preguntaron por la tarjeta bancaria que estaba usando les dijo que se la había encontrado y que en principio se negó a la prueba genética hasta consultar con su abogado defensor.

«LO MISMO ENTRO YO EN EL LOTE»

En paralelo, Jorge A.G. ha admitido que «puede ser» que borrase el número de teléfono de la víctima una vez abandonó la vivienda con los efectos robados, asegurando que él no fuma, ni consume drogas y que sólo bebe alcohol de manera «social». Sí ha manifestado que conocía a «mucha gente que toma» cocaína. «Lo mismo entro yo en el lote», se ha encogido de hombros el acusado, reconociendo además que por aquellas fechas adeudaba dinero.

Y mientras el fiscal del caso le recordaba una condena que le fue impuesta por robar a una mujer y estrangularla hasta quedar ella inconsciente, él ha asegurado que sólo sustrajo «joyas» a dicha mujer.

En su escrito de acusación, el Ministerio Público solicita para el encausado 23 años de prisión por un delito de asesinato; cinco años más de cárcel por un delito de robo con violencia con la agravante de reincidencia; otros dos años de prisión por un delito de daños mediante incendio, y el pago de una multa de 360 euros por un delito leve continuado de estafa, así como que indemnice con 60.000 euros a la hija de la víctima en concepto de daño moral y con 10.536,60 euros al propietario de la vivienda por los daños materiales causados.

La acusación particular, ejercida por la única hija de la fallecida, reclama para él 25 años de prisión por un delito de asesinato; cinco años más de cárcel por un delito de robo con violencia con la agravante de reincidencia; otros tres años de prisión por un delito de daños mediante incendio y una indemnización de 100.000 euros; toda vez que la defensa solicita la libre absolución del encartado.