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Gambas al ajillo: el error imperdonable que cometes siempre y arruina el plato

Llego la hora de comer unas ricas y espectacularmente aromáticas gambas al ajillo, la boca hecha aguas anuncia que ya está próximo el momento para disfrutarlas y de pronto tus comensales se llevan ansiosos un bocado a la boca y su cara no es la mejor… Confesemos que a todos nos ha pasado esto por lo menos una vez cuando preparamos este tradicional aperitivo.

Las gambas al ajillo son una de las tapas más amadas en España, no hay tasca o restaurante en el que no se sirvan para acompañar unas frías cervezas y si estamos disfrutando de una fría sangría, el sabor de las gambas se multiplica generando en nuestro paladar la más divina y seductora explosión de sabores. 

Muchas veces nos cuidamos de seguir los pasos exactos al prepararlas, pero terminamos cometiendo un error tremendo que de forma inocente cometemos sin caer en cuenta de ello. Te voy a contar cuál es ese error que cometemos y muchas veces explica la cara que pone quien come unas gambas en apariencia perfectas. Antes de hablar sobre ese error repasemos lo que hacemos cuando las preparamos.

Cómo son las gambas al ajillo perfectas

gambas

Cuando vamos de tragos o a una reunión para comer en familia o entre amigos, seguramente servirán unas ricas gambas al ajillo y esperamos disfrutar de un sabor y aroma inigualable.

Las gambas perfectas que la mayoría de nosotros sueña y espera degustar son firmes, brillantes, con aroma tentador y de un sabor que no se ve opacado por el ajo presente; sino que todo lo contrario, los sabores se combinan en una danza perfecta que nos enamora, logrando percibir el sabor de la gamba y a la vez el toque de ajo que la embriaga seductoramente.

Si esta receta se ha preparado con gambas frescas, el resultado espectacular se notará a kilómetros. Cuando están frescas su aroma es más fuerte y su sabor realmente se siente; mientras que, cuando son congeladas, así cuidemos el método para descongelarlas de manera perfecta, siempre se escabulle un poco de sabor aunque no lo queramos.

Para tener unas realmente perfectas, elígelas frescas y no te vas a arrepentir; ahora bien la frescura es un factor importante, pero existen otros iguales de importantes que garantizan un resultado 10.

¿Cuál es el enemigo de las gambas al ajillo?

agua y gambas

Por supuesto en este apartado me refiero directamente a cuál es el gran detalle que daña de manera irreparable las gambas al ajillo. El mayor enemigo de las gambas es el agua. Sí, tal como lo lees, el enemigo de estas es el agua, a no ser que estén vivas, claro está. 

Cuando preparamos este marisco congelado, es necesario cuidar el proceso para descongelarlo con la finalidad de que el agua destilada de los mismos no haga que estos queden sumergidos en ella.

Ahora bien; si usamos gambas frescas, el agua también puede ser un enemigo poderoso. Y es que, al momento de limpiarlas y retirarles la cabeza y el intestino, solemos lavarlas para retirar cualquier resto no deseado. Esto no está mal; al contrario, cuando se cocinan mariscos y pescados lo mejor es mantener la higiene en todo momento.

El error imperdonable al hacer las gambas al ajillo, evítalo y quedarán perfectas

gambas

Como te comentaba anteriormente, la higiene correcta al momento de manipular pescados y mariscos, te evitarán complicaciones médicas innecesarias. Sin embargo, muchas veces nos preocupamos tanto en la higiene que olvidamos sin querer un paso muy importante y vital para que las gambas al ajillo absorban el sabor del ajo, lo cual es en definitiva lo que enloquece con su sabor.

El error que se comete la mayor parte de las veces y del cual no nos damos cuenta, es no escurrir y secar bien las gambas. Cuando no las escurrimos bien y de paso no las secamos como se debe, las gambas quedan con mucha humedad interior, la cual al chocar con el aceite genera más una experiencia de hervido que de sofrito.

Así mismo, cuando contienen mucha agua en su interior, las gambas no estarán receptivas a impregnarse y absorber el sabor del ajo, esto dará como resultado unos mariscos insípidos, que aunque puedan tener el mejor olor y apariencia, en su interior estarán desabridos. 

Recordemos los pasos para que salgan con un 10

los pasos que deben llevarse a cabo

Conociendo ya cuál es el error más cometido y que arruina el platillo, hagamos un repaso que nos permitirá hacer las mejores gambas al ajillo del mundo.

  • Utiliza preferiblemente gambas frescas.
  • De solo tener a la mano las congeladas, cuida el proceso de descongelamiento colocándolas sobre una rejilla y con un plato debajo de esta dentro de la nevera, de esta forma el agua contenida al descongelarse se escurrirá y no empapará los mariscos.
  • Al lavar las gambas, procura posteriormente escurrirlas muy bien en un colador y luego secarlas si es posible por pequeñas cantidades con un paño de algodón muy limpio y seco o papel absorbente.
  • Usa aceite de oliva virgen extra de manera generosa, así obtendrás el toque perfecto para mojar el pan.
  • Recuerda servir las gambas al ajillo muy calientes, casi hirviendo, ese es el toque final que nunca debes obviar.

Como verás, el error cometido es más fácil de evitar de lo que piensas, así que prepárate para evitarlo y siempre servir unas gambas al ajillo que estén espectaculares.