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Arsuaga y Harari coinciden en el peligro de convertir la ciencia en una religión

El historiador Yuval Noah Harari y el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga han coincidido en señalar el peligro que comporta para la sociedad que la ciencia se convierta en una nueva religión a la que se «pidan milagros» para arreglar todos los problemas creados por la propia sociedad, como, han asegurado, antes se hacía con los dioses.

Ambos expertos han participado este miércoles en una mesa redonda en el marco del Digital Future Society Summit 2021, que se celebra durante el Mobile World Congress (MWC) 2021 y que ha contado con la presencia del Rey Felipe VI y ha sido moderada por la secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas.

«Cuando explicas un problema, parte de la audiencia responde que lo resolverá la ciencia y esto evita que las sociedades crezcan y se hagan adultas», ha apuntado Arsuaga.

El paleoantropólogo ha dicho que la sociedad «no puede esperar» que la ciencia la salve de todos los problemas que ha creado y que es el momento de, textualmente, ser adultos y confrontar los problemas.

Harari, por su parte, ha explicado que «la ciencia ofrece las herramientas, pero depende de la gente que se haga buen uso» de estas, algo que, ha señalado, es una cuestión política y social.

CAMBIO EN LOS PRÓXIMOS 20 AÑOS

Harari ha explicado que el uso de la inteligencia artificial y el ‘big data’ «cambiarán el mundo de manera mucho más rápida que la biotecnología» y que nadie puede saber cómo serán las relaciones humanas en los próximos 20 años.

«La gran revolución de los próximos 20 años será ‘hackear’ a los seres humanos» en el sentido de entenderlos mejor que ellos mismos a través de la tecnología, ha apuntado el historiador.

Ha alertado del peligro que puede suponer que un gobierno pueda «usar esta tecnología para monitorear o ‘hackear’ a toda la población», algo que, ha asegurado, puede abrir una vía hacia nuevos tipos de dictaduras digitales.

Ha señalado que uno de sus miedos para el futuro próximo es que los sentimientos son patrones biológicos, «algo que la inteligencia artificial canaliza muy bien».