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La historia de la vajilla Duralex, la de toda la vida en tu hogar (y el de tus abuelos)

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Es de esas noticias que suena a fin de una época. Hace pocos días se sabía que Duralex, la empresa que fabricaba las míticas vajillas, ha entrado en quiebra. Otra víctima más de la pandemia del coronavirus. Un tribunal de la ciudad francesa de Orleans ha admitido la solicitud del fabricante de vidrio Duralex de declararse en quiebra ante la situación excepcional generada en su negocio por el impacto de la pandemia y de las medidas adoptadas para controlar su expansión.

Según informa el medio local francés ‘La République du Centre’, la empresa espera aprovechar esta situación para seguir buscando un comprador o para renegociar con las empresas que se habían interesado pero que habían cesado las conversaciones cuando comenzó la pandemia. ¿Cómo es posible que una empresa solvente, parte importante de la memoria sentimental de cientos de miles de personas se haya hundido como un castillo de arena?

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Los años de oro

La fórmula de Duralex funcionaba, y el consumidor era consciente de ello. “Utilícelo como martillo, déjelo caer, golpéelo, hágalo pasar del hielo al agua hirviendo”, decía un anuncio de la marca. Se cuenta que, cuando la primera fábrica estaba empezando, y para probar su resistencia, dejaban caer una bola de 1 kilo de acero sobre una plancha del vidrio que luego se acabaría transformando en los vasos y platos. Casi nada.

Duralex creció hasta haber vendido más de 133 millones de platos, vasos, bandejas y recipientes y hasta emplear a un total de 1.500 personas. Tan solo la filial española Vidriera de Castilla, situada en Guadalajara, llegó a contar con 500 trabajadores. El éxito perduró hasta la década de los 70, cuando los dueños vendieron la compañía al grupo italiano Bormioli Rocco & Figlio y empezaron las vacas flacas.