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La extensión máxima del hielo marino del Ártico en invierno se ha quedado en el séptimo mínimo histórico desde que en 1979 comenzaran los registros de satélite, al alcanzar 14,78 millones de kilómetros cuadrados el pasado 13 de marzo, día a partir del cual empezó poco a poco a disminuir con el inicio de la temporada de fusión.

Así lo aseguró este miércoles el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve (NSIDC, en sus siglas en inglés), que pertenece a la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos) y ofrece este tipo de información con el apoyo parcial del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA.

La capa de hielo marino del Ártico llegó el 13 de marzo a un máximo de 14,78 millones de kilómetros cuadrados, lo que se vincula a 2007 como la séptima cantidad más baja en 40 años de registro histórico.

“Si bien este no es un año récord para la extensión máxima del hielo marino en el Ártico, los últimos cuatro años han sido los más bajos en nuestro registro, lo que refleja una tendencia a la baja en la extensión del hielo marino en el invierno”, dijo el investigador principal del NSIDC, Walt Meier, quien añade: “Éste es sólo otro indicador de los rápidos cambios que están ocurriendo en el Ártico debido al cambio climático”.

La capa de hielo marino que cubre el océano Ártico y los mares circundantes se espesa y se expande cada año durante el otoño y el invierno, y alcanza su máxima extensión anual en algún momento entre finales de febrero y principios de abril. El hielo se adelgaza y se encoge durante la primavera y el verano hasta que alcanza su extensión mínima anual en septiembre. El hielo marino del Ártico ha ido disminuyendo tanto durante las temporadas de crecimiento como de fusión en las últimas décadas, según la NASA.

El declive de la cubierta de hielo marino del Ártico tiene innumerables efectos, desde los cambios en el clima y los patrones climáticos hasta los impactos en las plantas y los animales dependientes del hielo, y en las comunidades humanas indígenas que dependen de estas especies. La desaparición del hielo también altera las rutas de navegación, aumenta la erosión costera y afecta a la circulación oceánica.