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La 25ª Cumbre del Clima (conocida como COP25) comenzará este lunes y se prolongará hasta el próximo 13 de diciembre en Madrid con las misiones fundamentales de cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París, un pacto mundial de lucha contra el cambio climático adoptado en la capital francesa por 195 países y la UE en 2015, y acelerar la ambición climática antes de que este tratado se ponga en marcha el próximo año con la revisión al alza de los compromisos nacionales de reducción de gases de efecto invernadero.

La conferencia está organizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) y presidida por Chile, puesto que iba a celebrarse en Santiago de Chile pero los disturbios sociales en este país obligaron a su presidente, Sebastián Piñera, a renunciar a su organización el pasado 30 de octubre. La ONU aceptó el ofrecimiento de España para que se celebre en Madrid y los preparativos se han desarrollado en un tiempo récord.

Está previsto que hasta Madrid acudan unas 30.000 personas de casi 200 países, entre delegados nacionales y representantes de ONG, empresas, científicos y periodistas, entre otros sectores.

La cumbre se producirá después de que esta semana se hayan conocido dos importantes informes de agencias de Naciones Unidas. Por un lado, la concentración media mundial de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera llegó en 2018 a 407,8 partes por millón (ppm), lo que supone el nivel más alto desde hace al menos tres millones de años, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Y por otro, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) subraya que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero deben reducirse un 7,6% cada año entre 2020 y 2030 para cumplir el objetivo del Acuerdo de París de que el calentamiento global se sitúe en 1,5ºC con respecto a la era preindustrial, lo que significa quintuplicar los esfuerzos recogidos en los actuales planes climáticos nacionales, ya que los actuales compromisos de los países implican un incremento de 3,2ºC, con sus consiguientes impactos destructivos.

La COP25 será inaugurada este lunes por el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, y el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres. Como es habitual, la primera semana tendrá un contenido eminentemente técnico y en la segunda cobrará protagonismo la fase política antes de que la Cumbre se cierre con la declaración habitual de este tipo de encuentros internacionales.

El Gobierno español ha confirmado la asistencia de 41 jefes de Estado o de Gobierno, más cuatro altos representantes de la UE y otros cinco de organizaciones internacionales, como la ONU, el Banco Interamericano de Desarrollo, la OCDE y la Secretaría General Iberoamericana.

En esa relación no aparecen los jefes de Estado o de Gobierno de los países más contaminantes del mundo: China (que aglutina un 29,3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero), Estados Unidos (13,8%), India (6,6%), Rusia (4,8%) y Japón (3,6%).

Sí estarán en la COP25 cuatro altos representantes de la UE, concretamente el presidente electo del Consejo Europeo, Charles Michel; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, y el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. La delegación de Estados Unidos estará encabezada por la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi.

ASPECTOS A TRATAR

La Cumbre del Clima que acogerá Madrid bajo la Presidencia chilena tiene encima de la mesa cerrar el libro de reglas del Acuerdo de París porque ese propósito no se cumplió el año pasado en Katowice (Polonia).

El reglamento del Acuerdo de París quedó casi listo en la Cumbre del Clima de Katowice a falta de que se desarrolle el artículo 6, relativo a los mercados de carbono, esto es, que se ponga en marcha un mecanismo global homogéneo de intercambio de cuotas de emisiones de gases de efecto invernadero entre los países.

La ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera, ha comentado públicamente que sería “una buena noticia cerrar este asunto y contar con un mecanismo que garantice mercados globales de carbono” con precios de intercambio de emisiones en todo el planeta, de manera que se evite el riesgo de que haya una doble contabilidad y en todos los lugares haya las mismas reglas, lo que se conoce en la jerga climática como ‘integridad ambiental’.

Otro de los frentes abiertos en la COP25 es reforzar la ambición climática global en un año en que Estados Unidos ha iniciado su proceso de salida del Acuerdo de París, lo que no se materializará hasta el 4 de noviembre de 2020, justo un día después de las elecciones presidenciales.

En este sentido, la Cumbre del Clima de Madrid podría sentar las bases de un nuevo ciclo que comenzará el próximo año, cuando entre en vigor el Acuerdo de París y los países deban presentar nuevos compromisos climáticos al alza, es decir, con más ambición. Los dos últimos informes de la ONU verifican, como otros informes científicos, que los planes nacionales son insuficientes.

En ese nuevo ciclo entrará en juego una nueva gobernanza mejorando los mecanismos de interacción entre los gobiernos y otros actores implicados en la lucha contra el cambio climático, como las empresas, la sociedad civil o los científicos.

Todo ello hace que el eslogan de la Cumbre del Clima sea “tiempo para la acción”, en un año en el que ha emergido un potente movimiento juvenil capaz de convocar movilizaciones masivas en varios países del mundo. Con la activista sueca Greta Thunberg como cabeza visible, la generación más joven pide a sus mayores que tomen medidas para que no dejen un planeta menos sostenible.

(SERVIMEDIA)