La hipertensión es un problema médico que puede acarrear consecuencias muy graves para la salud. Entre las posibles consecuencias se encuentran el infarto de miocardio, los daños en las arterias periféricas o la hemorragia cerebral. Aunque puede afectar a todo tipo de personas, es especialmente frecuente, y peligroso, entre los adultos mayores.
Se considera que existe hipertensión arterial cuando las cifras de la tensión, medidas en condiciones de reposo y sin haber tomado ningún tipo de sustancia excitante (café, alcohol, tabaco...) se encuentra por encima de 140 mm Hg la sistólica (máxima) y 90 mm Hg la diastólica (mínima). Si quieres comprobar tus niveles aquí te dejamos una comparativa de aparatos para medir la tensión.
Hipertensión en mayores
Según las estadísticas, un 30% de los mayores de 65 años son hipertensas. Se trata del factor de riesgo cardiovascular más importante durante esa etapa de la vida, por delante de la diabetes o la la dislipidemia. Para entender la gravedad de este hecho, solo hay que comprobar que las enfermedades cardiovasculares son responsables de la mitad de las muertes en adultos mayores en los países desarrollados.
La causa de la mayor incidencia de la hipertensión se encuentra en el envejecimiento de las arterias. Esto provoca que la capa media de esas arterias se altere, perdiendo grosor y fragmentándose las fibras elásticas y el depósito de calcio Todo esto lleva a una disminución de la elasticidad arterial y a un aumento de la resistencia periférica, lo que, a su vez, incrementa la tensión.
Riesgos de la hipertensión
Dada la proporción de población adulta que padece este problema, el control de los niveles es fundamental a partir de cierta edad. Uno de los grandes problemas es que se trata de una enfermedad casi silenciosa, esto es, con apenas síntomas que alerten al afectado. Aunque no se note, la tensión alta va dañando poco a poco al corazón y a las arterias, pudiendo desembocar en problemas muy graves.
Algunos de los riesgos de padecer hipertensión son los siguientes:
- Daño en el corazón y en las arterias coronarias con mayor riesgo de infarto, de angina de pecho, de insuficiencia cardiaca, de rotura arterial (disección de aorta) o de arteriosclerosis.
- Daño renal.
- Pérdida de visión.
- Disfunción eréctil.
- Pérdida de memoria.
- Edema pulmonar.
- Daño de arterias periféricas.
- Accidente cerebrovascular.
Consejos sobre la hipertensión
Aunque la hipertensión arterial no se cura, si que puede controlarse cambiando algunos aspectos de la rutina diaria. Hay que tener en cuenta que se trata de hábitos que han de mantenerse y que siempre ha de seguir las recomendaciones el médico.
Estos consejos sobre hipertensión arterial pueden ayudar a mantener a raya la enfermedad, aunque requieren un esfuerzo por parte del afectado y, dependiendo de la edad, el control de la familia.
Controlar los valores de tensión
Tanto si el problema ha sido ya diagnosticado como si se tienen antecedentes familiares, es importante utilizar tensiómetros para controlar que los valores de la tensión se mantienen en los parámetros saludables.
Normalmente, este tipo de aparatos son fáciles de utilizar y cualquier puede tenerlos en casa. No obstante, para que la medición sea fiable, es necesario seguir algunas recomendaciones.
Lo primero, es sentarse con el brazo a la altura del corazón, en silencio y relajados. El manguito debe ponerse directamente sobre la piel, sin que la ropa oprima el brazo. Dependiendo del modelo de tensiómetro, el resto es sumamente sencillo y solo hay que seguir las instrucciones.
Cambios en la alimentación
Una de los cambios más complicados, especialmente en personas mayores, es el de los hábitos alimentarios. Los especialistas recomiendan reducir el consumo de grasas al mínimo y aumentar el de alimentos ricos en fibras.
Los dulces, por su parte, deben eliminarse, sobre todo los industriales. Lo mismo ocurre con las bebidas azucaradas, que tienen que desaparecer de la dieta.
Reducir la sal
Todos los especialistas afirman que reducir la sal es una de las prioridades para controlar la tensión arterial. Uno de los motivos es porque este producto hace que se retengan más líquidos, lo que provoca que el corazón tenga que aumentar su ritmo, incrementando la tensión.
Dejar de fumar
A todos los demás motivos existentes para dejar el tabaco hay que unirle que se trata de un hábito muy perjudicial para la presión sanguínea. No solo por lo dañino de sus componentes, sino también porque parece reducir la efectividad del tratamiento antihipertensivo.
El riesgo de hipertensión asociado al tabaco aumenta con el número de cigarrillos consumidos y con los años que se lleve haciéndolo.
Realizar algún ejercicio
No se trata, sobre todo a ciertas edades, de comenzar a hacer ejercicio intenso. Sin embargo, la actividad física es una de las mejores medidas que se pueden tomar para reducir la tensión, ya que reduce la presión arterial y tienen un efecto beneficioso sobre otros factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad.
De esta forma, hay que incorporar a la rutina diaria el hábito de caminar. Es suficiente con un paseo ligero durante unos 45 minutos para comenzar a notar los efectos.









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